viernes, 15 de marzo de 2013

Cuenca - Fantasmas en el casco antiguo

Se debido a fuentes históricas y diferentes personas conocidas a las cuales tras varias generaciones se les a trasmitido una leyenda un tanto asombrosa. La leyenda esta situada en el casco antiguo en la barriada en la cual esta situada la iglesia de San Miguel. Se dice q por diferentes zonas del casco antiguo a partir de las 12 de la noche se aparecían unas siluetas macabras de entre las sombras. Al principio se escuchaba el sonido de unas cadenas oxidadas y poco a poco una sombra grisácea aparecía de la nada la cual emitía unos extraños sonidos que parecían lamentaciones .Algunas de estas sombras se acercaban a los testigos ocasionándoles la muerte instantáneo la locura eterna. Se dice que estas sombras o animas eran las almas de los castigados por la inquisición que en cuenca tubo gran participación incluso llego a tener una sede donde ahora esta situado el actual museo de las ciencias.

Cuenca - La Piedra del Caballo

Corría la Edad Media por España, cuando en Cuenca dos gemelos de idéntica constitución y cara y todo se enamoraron de una joven, uno de los gemelos era lo que ahora diríamos como mas lanzado y el otro era mas timidillo a parte de ser mas místico. El primero conoció a una sirvienta de la Dama y esta hizo de celestina. Pero un día estando los dos gemelos en misa, la sirvienta se equivoco y le dio la nota al segundo gemelo en la nota decía algo así como: si no esta el pañuelo en el balcón pasa. Entonces como el que tenia la nota era el segundo gemelo este paso a casa de la Dama. Con la casualidad de que paso el emano por la calle y vio el pañuelo entro e intento asesinar al susodicho que estaba en el lecho de su amada. Cuando se acerco y vio que el cada ver era el de su hermano monto su caballo y salió huyendo de Cuenca para ello tenia que cruzar el rio Júcar que bajaba con gran fuerza. El caballo se negó a cruzar pero al final el caballero consiguió que este se lanzara con la mala suerte de que el caballo no pudo soportar la fuerza de la corriente y fue a dar contra una piedra. El caballo cayo muerto pero el caballero consiguió salvarse. El caballero vagabundeo por las calles de Cuenca. Y también dice la leyenda que el segundo gemelo se recupero de la herida de muerte y se caso con la Dama y como se suele decir fueron felices y comieron perdices.

Cuenca - Leyenda de la campana

Cuenta la leyenda que en el siglo XVIII el Rey Carlos III decidió mandar tapiar todos los conventos jesuitas. De tal modo que en Cuenca se mando tapiar el convento que hay al lado de la ermita de las Angustias. Todos los monjes jesuitas allí metidos fueron expulsados para tapiarlo pero resulta que desde ese convento se oían tocar campanas, sonar el órgano … hasta que las autoridades se dieron cuenta de donde procedía el sonido y decidieron destapiar para ver lo que allí pasaba. Descubrieron al mas mayor de los monjes jesuitas que tocaba la campana y estaba muerto de hambre pues solo comía del huerto que tenían por detrás. El anciano falleció al día siguiente después de tener atemorizada a toda la población conquense. Los mas ancianos del lugar dicen que la historia ocurrió en realidad.

EL TORMO ALTO, UNA TUMBA PARA VIRIATO

Una de las muchas leyendas que todavía se comentan, versa sobre el Tormo Alto, esa sublime figura que parece más bien el resultado de un acto de brujería, en donde se juega con el equilibrio y alguna que otra ley física, considerado como la tumba de aquél pastor lusitano que recorrió a lo largo y a lo ancho la Celtiberia: Viriato.
Se dice que cuando un grupo de hombres de nuestra Serranía descubrió por primera vez el Tormo Alto quedaron ensimismados creyendo que se trataba de algo mágico, y le bautizaron con el nombre de LA ESFINGE. Pues servia para orientar a los que transitaban por la Ciudad Encantada, decían unos, y para otros representaba la imagen de un dios de pueblos antiguos, posiblemente desde la época de los griegos.Hay también quien dice que era la representación de una diosa lunar que llegó a castigar a los maridos que no eran fieles a sus esposas, convirtiéndoles en piedras de formas extrañas.
Cuando aquel pastor lusitano, para otros un bandido, llmado Viriato, había inflingido muchas derrotas a las legiones romanas, vino a ocupar Segóbriga, recorriendo casi toda nuestra provincia, parece ser que llegó a enamorarse de una bella mujer conquense. Siempre iba a visitarla a su casa llegaba rodeado de un numeroso grupo de hombres de confianza, ya que no se fiaba de nadie, pues sabía que los romanos intentaban darle muerte al precio que fuese preciso pagar.
Como esa bella joven vivía en el centro del pueblo se situaban varios de sus guerreros vigilando todas las calles que daban al lugar de donde se encotraba Viriato, el resto rodeaba el pueblo para que nadie entrase ni saliese sin ser controlado por ellos. Siempre procuraba estar en alguno de los campamentos más cercanos al pueblo de su amada, puesto que al no encontrarse de campaña solía visitarla casi todos los días. A veces se pasaba largas temporadas sin aparecer por allí, y contaban que varias ocasiones, al ser herido, tuvo que ser visitado por ella en su propio campamento.
En una época en la que los romanos le atacaban continuamente resultó herido en una operación de limpieza que había desarrollado con un gran grupo de hombres por el sistema de guerra de guerrillas. Por tal motivo la joven conquense iba con frecuencia a verle, para ello Viriato mandaba una patrulla de soldados al frente de la cual solía ir uno de sus hombres de confianza con objeto de acompañarla tanto a la ida como a la venida. Pero en una ocasión cuando regresaba de verle, fueron atacados por un nutrido grupo de soldados romanos que sabían de esta cirscunstancia e intentaban por todos los medios apoderarse de la joven para tener maniatado al peligroso y escurridizo caudillo lusitano.
Aunque le tendieron una emboscasa, el capitán que mandaba la patrulla supo dar buena cuenta de los atacantes al situar a sus hombres, todos perfectamente preparados para la guerra, en una ladera bien nutrida de pinos y carrascas. Allí aguantaron la embestida de los romanos, dejándoles adentrarse en aquel bosque envolviéndoles en una bolsa hacha por sus guerreros para atacarles por todas partes a la vez. Aquello que podía haber sido una matanza para los hombres de Viriato y el rapto de su amada, terminó siendo otro severo castigo para aquel ejército invasor a base de acciones sueltas como aquella.
Al parecer, en otra de las visitas llevadas a cabo por la joven, ambos pasearon por la Ciudad Encantada a lo largo de varias horas, permaneciendo a la sombra del Tormo Alto la mayor parte del tiempo. Y según se dice en la leyenda, Viriato dijo a su amada que si muriese en acción de guerra le gustaría que incinerasen su cuerpo en aquel lugar tan bello que la madre naturaleza había creado: el Tormo Alto. Caso de morir por muerte natural le pidió que lo enterrasen bajo aquella figura que para él representaba a su dios al que tantas veces se encomentaba allí mismo.
Dado que aquella noche los soldados de Viriato iban a celebrar una de sus últimas victorias sobre los romanos, éste pidió a la joven que se quedase a contemplar la fiesta que tenían preparada, ya que esto lo solían hacer en las noches de luna llena. Aunque el caudillo estaba herido se celebraría este festejo al estilo que el pueblo celtíbero tenía por constumbre hacerlo, con la diferencia de que allí no bailarían en familia a las puertas de sus casas, sino que lo harían los soldados. Tampoco sacrificarían víctimas humanas, en su lugar tenían preparados unos corderos y unas ovejas que desmpeñarían la misma función.
Previamente, un grupo de guerreros preparó una fogata en el centro del campamento, empleando para ello madera de carrasca y pino además de abundantes ramas secas, dando un aspecto fantasmagórico a aquel singular rincón de la Serranía conquense.
Como el Tormo Alto se encontraba en el mismo campamento en donde se preparaba la fiesta, un grupo de soldados bailaron su danza típica alrededor de " La Esfinge", cuyos gritos y gestos enardecían a todos los presentes. A continuación sacrificaron ante el Tormo las ovejas y corderos que después serian para que todos comiesen a lo largo de la noche, ya que solía prolongarse hasta el manecer.
Una vez recuperado Viriato continuó sus acciones guerreras realizando a veces prolongadas salidas, pero nunca se olvidaba de su joven amada, regresando a su lado cuantas veces le era posible. Pero cada vez tenía más enemigos, no sólo ante los romanos sino entre los mismos suyos, muchos le envidiaban y él lo sabía, por lo que debía estar en estado de alerta continuamente. En una gran parte de la Celtiberia derrotó a sus enemigos en multiles ocasiones, motivo por el que preocupaba este personaje cuyo nombre causaba pavor en los ejércitos enemigos. Parece que hubo consignas del alto mando para que terminasen con él costase lo que costase.
Un día, tres de sus capitanes, se vendieron por unas monedas asesinado a su jefe mientras dormía en su tienda del campamento. Pronto corrió la noticia como un reguero de pólvora y cuando los Celtiberos vieron muerto a Viriato, al que bautizaron como Caudillo de las libertades ibéricas, en aquel pintoresco lugar de los riscos de Villacabra, en pleno Señorío de Molina, se apresuraron a recoger el cuerpo inerte y ensangrentado de su jefe para evitar pudiese ser profanado por sus incontables enemigos. Inmediatamente comunicaron a la amada la triste noticia acompañandola hasta el mismo pie del Tormo Alto en donde tenían el cuerpo del querido caudillo y jefe.
No resultó tarea fácil subir su pesado cuerpo a la cima de La Esfinge, pero una vez allí fue rodeado de tomillo y mejorana, siendo incinerado mientras sus guerreros danzaban alrededor de aquella tumba considerada la más bella que jamás haya habido en toda la tierra. Su amada alzaba la vista hacia aquellas llamas que encerraban el amor de su vida y lo diluían poco a poco hasta hacerlo desaparecer.
Terminaron de recoger sus cenizas cuando ya llegaba el nuevo día fueron esparciendo por toda aquella zona de la Ciudad Encantada en donde uno de sus campamentos estuvo instalado muchos años. La encargada de aquella misión fue la joven conquense, puesto que había sido lo pactado con aquel hombre que aún habiendo sido un humilde pastor llegó a ser uno de los personajes más famosos de su tiempo y de la Historia de España.
Continua diciéndonos la leyenda que durante bastantes años, una noche a la semana se podian comtemplar desde lejos la misma imagen que se vivió aquella del crematorio, escena que impresionaba a todo aquel que llegó a verla. Pero lo más curioso era que si se encontraban junto al Tormo Alto no apreciaban absolutamente nada. Fue un misterio que jamás supo descifrar ninguna mente humana.
También llegaron a oír el murmullo de las danzas que sus guerreros le hicieron durante algún tiempo, así como los sollozos de aquella mujer conquense que amó a Viriato hasta después de su muerte y de la que nunca más se supo. Aunque se dice que alguien la vió un día en la cima del Tormo Alto alzando los brazos al infinito y pronunciando a grandes gritos el nombre de aquel pastor lusitano que había llenado su corazón de gozo.

LOS SUEÑOS DE UN REY EN CUENCA

Cuenta la historia que a lo largo del siglo XII, los cristianos llegan en sus correrías hasta las mismas murallas de Cuenca, sin posibilidades, en principio de apoderarse de ella, ya que su entonces inexpugnabilidad y la idea no muy clara de su conquista hace retroceder ésta hasta finales de dicho siglo. Pero cuando el joven monarca Alfonso VIII decide ir a su conquista nos encontramos ya en el año 1.177. Estaba convencido, y aunque se considerase ciudad inexpugnable, que podría hacerlo, por lo que hizo el fimre propósito de conseguirla poniéndole un férreo cerco en la esperanza de rendirla inmediatamente. Para elo cuenta con el inestimable apoyo del Alfonso II de Aragón, la, recién fundada Orden Militar de Santiago y de los Templarios.
El rey Alfonso VIII pone cerco a la ciudad colocando a su ejército de tal manera que nadie pueda entrar ni salir de ella sin ser controlado por él. Y cuenta la historia que aquella primera noche que el rey durmió en Cuenca tuvo, en sus sueños, una revelación en la que se le indicaba que en una oquedad que había un poco más abajo del puente musulmán, los primitivos cristianos habían escondido una imagen de la Virgen. Sólo seria preciso efectuar unas excavaciones no muy profundas y rápidamente hallarían la imagen de aquella Virgen. Dio orden para que un grupo de soldados buscasen en el lugar soñado encontrando una preciosa talla de la que sería después denominada Virgen de la Luz, ordenando construir una ermita para recordar el suceso muy cerca de donde fue encontrada.
En esos bonitos sueños parece que la virgen había pedido al rey que iniciase la reconquista de la ciudad, pues ella estaría de su parte prestándole una importante ayuda para que rompiese aquel cerco de rocas. De tal manera que alfonso VIII tomó la decisión de rodear Cuenca distribuyendo sus fuerzas estratégicamente. Para ello le pone sitio el día 6 de enero de 1.177, festividad de los reyes magos, con la certeza que en poco tiempo caería en su poder aquella hermosa ciudad tan importante ubicada originariamente en un escarpado farallón rocoso perfectamente rodeado por los ríos Júcar y Huécar. Decide amontonar hombres y material de guerra aprovechando aquellos días de inmenso frío y hielo, puesto que los árabes se habían visto obligados a atrincherarse al no estar acostumbrados a aquellas bajas temperaturas.
El campamento principal lo mandó instalar en el llamado Campo de San Francisco, donde hoy se encuentra emplazada la Parroquia de San Esteban y la Diputación Provincial. Ordena situar a sus fuerzas de tal manera que no puedan recibir ayuda del exterior ni ninguna clase de víveres, el hambre podría ser su gran aliado ante tan difícil empresa. Se montan guadias a corta distancia a fin de que no puedan ser sorprendidos, permitiendo sólo la salida de los rebaños de los cristianos que vivían en el interior de la ciudad. De varios rebaños que salieron sólo permitieron regresase uno de ellos, ya que no querían sirviesen las ovejas de los mismo de avituallamiento del enemigo que dominaba y oucpaba la ciudad.
Como permitían los cristianos que algunos rebaños de ovejas pastasen en el espacio del actual Recreo Peral y la Puerta de San Juan (entonces Puerta de Aljaraz), fue motivo por el cual un día cuando un grupo de soldados cristianos vigilaban aquella parte del río divisaron como unos asnos y ovejas remontaban el terreno y desaparecían poco después. Con toda rapidez fueron en su busca, pero cuando llegaron al lugar por donde habían desaparecido observaron que había un fuerte portón de madera herméticamente cerrado, por lo que decidieron regresar al campamento y contar al rey lo que habían visto.
Enterado el rey decide que un grupo de hombres expertos estudie el lugar durante algunos días controlando todo lo que por allí ocurra a cada momento.Así se hizo y al cabo de cinco días el monarca estuvo al corriente de lo que venía ocurriendo en esa zona cada minuto desde la salida del sol hasta el ocaso, incluso a lo largo de toda la noche. Sin perdida de tiempo manda a sus mejores hombres con la misión de coger a un pastor cristiano que pase diariamente por aquella puerta y les explique qué deben hacer para pasar por aquel portón y tomar la ciudad. El rey presentía que hallarían la formula, pues tenía plena confianza de lo que la Virgen le prometió en sus sueños.
Cuando varios pastores regresaban a la ciudad con las ovejas fueron sorprendidos sin que los vigilantes de las almenas se diesen cuenta del hecho y en la refriega matan a dos de ellos. Cuando se acercaon al tercero se puso de rodillas gritando que era cristiano y que había recibido un mensaje de la Virgen para ayudarles a entrar en la ciudad. Les indicó que les ayudaría a pasar mezclados entre las ovejas y pasarían la vigilancia del encargado de su custodia por tratarse de un hombre ciego. Con la mayor rapidez fue informado el rey mandando suficientes hombres para que esa misma noche la soldadesca se apoderase de la ciudad.
Se hizo tal como había dicho el pastor, puesto que él se encargó de distraer al ciego, mientras hablabaniba tocando este lasovejas y no se percató de la hábil entrada que hicieron un buen numero de soldados cristianos, ya que se cubrieron con pieles de ovejas que mataron. Una vez dentro se lanzaron sobre los centinelas a los que mataron sin apenas darse cuenta de lo ocurrido. A una señal irrumpieron los soldados que esperaban junto al río y poco a poco pasó parte del ejército, iniciándose combates a lo largo de toda la noche. Cuando al día siguiente el sol inundaba con sus rayos la ciudad ya no era árabe sino cristiana. Era ese el día 21 de septiembre, festividad de San Mateo, cuando el rey Alfonso VIII recibía las llaves de aquella ciudad llamada Cuenca y que había sido calificada de inexpugnable.
Como había prometido aquel joven rey dio inmediatamente la orden de comenzar la ermita, puesto que se habían hecho ya las zanjas y elegido la piedra que se utilizaría. En pco tiempo se levantó siendo bautizada con el nombre de Santuario de la Virgen de la Luz, debido a que un pastor cristiano había visto una luz cuando pasaba de noche por el puente y al acercarse vio a la Virgen con un candil en la mano. También se ha conocido este Santuario con el nombre de la Virgen del Puente.
Se cuenta que allá por el año 1345 unos frailes llamado "Antoneros" fundaron una especie de convento-hospital en el cual se curaban aquella serie de enfermedades terriblemente peligrosas de la Edad Media, destacando entre todas ellas, el "Fuego Sacro", que algo más tarde recibiría el nombre de "mal francés". Esta congregación hospitalaria de frailes hizo mucho bien a los enfermos, tenían a San Antón como patrono, y precisamente a esta cirscunstancia se debe esta duplicidad de nombre referido a esta parroquia denominada Virgen de la Luz y San Antonio Abad (San Antón).
Las apariciones de la Virgen fueron varias a lo largo de los nueve meses de asedio, motivo por el cual el rey vigiló muy de cerca el levantamiento de aquella ermita cuya construcción primitiva en el siglo XIII ha ido desapareciendo en el transcurso del tiempo debido a las reformas efectuadas, pues la Parroquia es de estilo barroco, quedando aún su portada plateresca.
No sólo en los nueve meses que duró el asedio de Cuenca el rey Alfonso VIII prefirió nuestra ciudad por otras, sino que su predilección llegó al extremo de tomarla por residencia adoptando a sus ciudadanos como su pueblo predilecto. Su corte realmente itinerante en Cuenca fue por diez años con objeto de probarla, de tal manera que aquí naciese su hijo el infante don Fernando, el 29 de noviembre de 1189. Le otorgó el Fuero, considerado como una pieza de capital importancia en la historia del Derecho Español. Cuales serían los privilegios y exenciones que otorgaba a sus habitantes que se hizo famoso el dicho: "Di que eres de Cuenca y entraras de balde".
Al a Virgen del candil, Virgen de la Luz o Virgen del Puente, se le atribuyen muchos milagros y curaciones de enfermos graves que llegaban al convento-hospital con la esperanza de curación. Se cuenta que en un día allá por el siglo XVI llevaban a ajusticiar a un reo, al parecer acusado de ladrón. Como el reo no cesaba de gritar su inocencia pidió que al menos lo dejasen postrarse a los pies de la Virgen a fin de ofrecerle su sacrificio. Concedido lo que solicitaba y en el preciso momento de cruzar la fachada de la iglesia, éste cayo fulminado por un rayo, tomándose esto como prueba de su inocencia.
Se le atribuye a la Virgen negra, como llegó a llamarse, multiples apariciones a pastores, pero de manera especial al rey Alfonso VIII en una serie de sueños con objeto de aconsejarle la conquista de la Conca árabe. Para ello, dice la historia, le puso en su camino aquel pastor a quien la Señora había pedido iluminase a los soldados cristinos en la difícil tarea de rescatar a los árabes una ciudad que había sido siempre portadora de la cruz.

LAS CASAS COLGADAS DE CUENCA Y LA CORTE REAL

De origen tobelio y musulmán, Cuenca, fue emplazada estratégicamente en el espolón formado por un cogollo de piedras calizas cretácicas, encasillada en la cima de un excepcional reducto natural. En aquel inigualable lugar donde esta asentada, arranca la típica fisonomía urbana conquense con sus altas casas colgadas de los peñascos y sus estrechas y tortuosas calles, originando un bello y espectacular paisaje, verdadero capricho de la madre naturaleza, adornado por fantasmagóricas y caprichosas piedras, simulando legendarios monstruos de otros mundos y galaxias.
La estructura del terreno rocoso y desigual obligó a una construcción atrevida e irregular en los edificios que tiene Cuenca en las Hoces, aunque de manera especial a la del Huécar. Apoyataban las casas y esto ofrecia un conjunto muy original, pintoresco e insólito desde los primeros "rascacielos" del Barrio de San Martín, pues hay casas con salientes irregulares que dan una idea de la originalidad de la construcción de aquella época ancestral de los primitivos conquenses tobélicos y musulmanes.
Desde el citado barrio hasta la "Peña Corba" ubicada sobre el Puente de San Martín, en el río Huécar, existieron infinidad de "casas voladas" (así llamadas en principio) que coronaban todas las riscas o prominencias rocosas, con originales y bellos balcones de madera, los cuales estaban "volados" en el vacio. Era una simbiosis de roca y morada, en donde se apreciaba una verdadera muralla de edificios, más propios de historia de ficción, simulando sus construcciones "altas cañas" con ventanas, en donde se premiaba la verticalidad y el desafío a las leyes de la gravedad.
El hacinamiento de casas en la parte alta de Cuenca asentadas sobre aquellas prominencias rocosas que se levantaban hacia el infinito como altos "rascacielos" y fachadas con sorprendentes miradores, eran consecuencia de la necesidad de buscar un espacio donde morar, ya que el poco terreno que la ciudad disponía no era sufuciente para construir edificios que daban a la Hoz del Huécar ofrecían sus balcones salientes con el fin de ganar espacios "volados" y de ahí las "Casas Voladas", denominadas en pincipio.
Hasta nuestros días han sobrevivido las famosas y legendarias "Casas del Rey", a las cuales nosotros llamamos CASAS COLGADAS. Sólo hay tres reconstruidas en diversas etapas del siglo actual, en donde se albergan el Museo de Arte Abstracto y un típico y famoso mesón. El resto de aquel buen número de "casas voladas" fueron pasto del tiempo y de la penuria de los hombres por permitir su derrumbamiento.
La historia nos confirma que las actuales Casas Colgadas fueron desde sus inicios, la residencia de verano del Arráez encargado de regir y gobernar la ciudad de Cuenca en la época de dominio musulmán. Este venía a ser un caudillo o jefe árabe que regia la ciudad, habiendo elegido aquel lugar pr tratarse del más pintoresco y el más protegido de todos.
Una vez tomada la ciudad de Cuenca por el rey alfonso VIII, éste fijó su residencia poco después en ella, en donde estuvo la Corte de Castilla a lo largo de diez años. Igualmente tomo las Casas Colgadas como palacio de verano, pues en aquella época las temperaturas en el estío solían ser muy altas, aparte de haber sido elegidas por Leonor de Lancáster, esposa del rey, ya que le agradaba contemplar desde sus balcones aquella panorámica inigualable.
Cuando hacían acto de presencia los rigores del frío, la Corte se trasladaba al Castillo, inexpugnable reducto fortificado, verdadera sede y palacio de Alfonso VIII. Durante los diez años que su corte itinerante permaneció en la ciudad, éstos dos lugares fueron los preferidos para su residencia habitual.
Como rey tenía que pasarse mucho tiempo fuera de Cuenca, pero cuando permanecía en la ciudad se preocupaba de organizar Justas o Torneos, que eran unos juegos a caballo en los que sus caballeros acreditaban se destreza en el manejo de las armas. Normalmente se celebraban con motivos de fiestas cortesanas, así daba realce a su celebración y al mismo tiempo servía de entretenimiento a los que participaban en los ejercicios guerreros, ejercitándose en el duro arte de la guerra.
El lugar escogido para celebrar estas Justas fue el espacio que había ocupado el campamento cristiano cuando pusieron sitio a la ciudad, ubicado en el llamado Campo de San francisco, en donde hoy se halla emplazadas la Diputación Provincial y la Parroquia de San esteban y San francisco.
Allí los caballeros solían combatir a caballo , en un terreno cercado de madera, separados por una valla, con objeto de evitar choques de sus monturas. En estos juegos utilizaban armas y armaduras distintas de las llevadas en las guerras, pues por ejemplo, las lanzas no llevaban el hierro normal, sino el "roquete" que no hería al adversario, sólo lo derribaba. Igualmente llevaban armaduras reforzadas con piezas dobles, por lo que no era fácil ser herido, pues lo único que se perseguía era derribar al contrario para demostrar la destreza en el manejo de las armas.
Una especie de tribuna o plataforma elevada estaba situada en un lateral donde los reyen presenciaban los combates, en los cuales nunca participó Alfonso VIII, aunque se aseguraba que sí lo hacía días antes, cuando entrenaban los caballeros participantes. En ellos demostraba siempre su alta preparación y arrojo, pues todos temían enfrentarse a él, dado que afirmaban se trataba de un verdadero caballero experto en el manejo de la espada y de la lanza.
Otro espectáculo que implantó el rey fue "correr los toros", ya que por primera vez se hizo conmemorando la conquista de la ciudad, celebrándose en la Plaza Mayor, pues quiso Alfonso VIII que sus soldados se solazaran , se entretuviesen con los juegos de unos toros o vacas, unas veces sueltos y otras amarrados a una marona que, de manera experta movían los "maromeros" encargados de correr las reses.
Después se vieron en la necesidad de cambiar el lugar de aquella popular fiesta, dado que se iniciaron las obras de construcción de la Catedral, y la primitiva zona estaba ocupada. Para ello eligieron correr los toros a ambos lados del río Huécar, por sus riberas, o bien a caballo o por los corredores a pie. En aquel lugar estos festejos solían ser más divertidos, puesto que muchos de los que corrían las vacas o toros terminaban cayendo al cauce del río evitando así ser cogidos por alguna de éstas. Aunque también es verdad que en muchisimas ocasiones las vacas iban igualmente al agua sigiendo a los corredores que las acosaban.
Estas fiestas que año tras añosse hacían más populares, llevaban mucha gente a tan singular "coso taurino". Este se extendía desde el comienzo de la hoz hasta el espacio comprendido entre el Cerro Socorro y los barrios de San Martín y Santa Catalina. El gran número de espectadores que atraían estos festejos, normalmente se instalaban en las subidas a los citados barrios y de manera especial en las laderas del Cerro Socorro. Se cuenta que siempre había algún herido, bien por haber sido cogido por alguna de aquellas vacas de cuernos albultados o por caídas en las continuas carreras que hacían.
El deporte más practicado por el rey era la caza, de manera preferente la caza mayor, para lo cual se organizaban batidas de montería sirviéndose de caballos y enormas jaurías de perros para acosar a las piezas. Previamente preparaban redes y trampas, después se persegía a los animales instigándoles a que siguiesen un determinado recorrido por donde estaban instaladas éstas. Por toda esta zona abundaban el jabalí y el zorro, así como el lobo y el ciervo; para hallar estos dos últimos había que adentrarse mucho más en la serranía, en sus zonas boscosas.
También practicaban el dífil arte de la cetrería, utilizando el halcón peregrino, ave rapaz muy util en la caza, cuando se hallaba bien domesticado. La fortaleza de sus garras y e vuelo rápido que practicaba hacía de ésta rapz un enemigo temible en la caza de la volatería, ya que era tierra de palomas y perdices, así como palomas torcaces.No obstante se solía cazar con este mismo animal algunas que otras liebres y conejos camperos.
Al estar instalada la Corte en Cuenca este hecho hizo posible que se poblase con cierta rapidez, pues la concesión del Fuero de Cuenca, denominado por expertos como "pieza de gran importancia en la Historia del Derecho Español", al coneder una serie de exenciones y privilegios a los que viviesen en la ciudad, logró que Cuenca fuese la "tierra prometida" por muchas familias que habían perdido sus hogares en aquella interminable lucha con los árabes, los cuales todo lo habían arrasado.
Por lo cual, la "Casas Colgadas", tiene una relación directa con la Corte Real, ya que aquellas construccciones que incitaban al ingenio,retaban a la verticalidad y dba como resultadouna ciudad de embrujo donde la rocadefine como lugar único por su solidez, habiendo sido bautizada como " prodigio arqutectónico", en donde todo es fantasía, creatividad, encanto,brujería y un buen ejemplo de sana imaginación.
En este tipo de construcciones, las casas parecen besarse por los tejados y asomarse por sus balcones volados, como si estuviesen jugando continuamente al escondite con las leyes de la gravedad. En Cuenca, éstas no existen, aquí las casas se han hecho con "leyes de necesidad", olvidandose la plomada y de la geometría, buscando lo utilitario y su validez para morar. Sólo hizo falta de fantasía , sólo fantasía, mucha fantasía.

LAS BRUJAS DE MANGANA

Corría el año 1615 cuando el Santo Oficio de la Inquisición tuvo que tomar parte en un asunto relativo a la existencia de un grupo de brujas en la Torre de Mangana. Al parecer, varios vecinos de aquel barrio presentaron una denuncia al haber comprobado como todas las noches oían ruidos extraños, gritos alarmantes e incluso vieron realizar danzas macabras consistentes en hacer círculos arrojándose finalmente al suelo. También se deslizaban de una parte a otra de la explanada, oyéndose sus rezos, sus carreras, al tiempo de quitarse y ponerse la toca repetidas veces pidiendo a gritos la presencia del diablo.
En el barrio y en toda la ciudad se comentaban estos hechos que venían a hacerse eco de ese tipo de creencias supersticiosas, muy arraigadas en esa época, las cuales se iban extendiendo como un reguero de pólvora por todo el país.
Se hablaba que habían visto volar a un grupo de brujas por las noches, pasando éstas a las casas por las chimeneas como si de simples pájaros nocturnos se tratase. Nadie creyó, en principio estos comentarios, pero cuando empezaron a ocurrir casos horribles el pánico cundió por todo el barrio de Mangana e incluso por toda la ciudad de Cuenca.
Se comentaba que, una noche varios vecinos habían visto volar al grupo de brujas sobre los tejados del barrio y luego detenerse en el corral o patio interior de una de las casas, se comprobó a la mañana siguiente que todos los animales que habitaban en sus corrales, como gallinas, conejos, palomas, patos, etc., aparecieron muertos sin señales aparentes de haber tenido una muerte aparatosa o brutal. Esto hizo que muchas familias decidiesen no salir de su casa después de la puesta de sol. No sólo temían por lo que les pudiese ocurrir a ellos, sino por sus hijos y abuelos o personas mayores que vivían en sus mismos domicilios.
A partir de ese momento llegó a pensarse que dos señoras, vecinas del barrio, cuya vida era un misterio, y además se dedicaban a curar el "mal de ojo", podrían ser componentes del conjunto de brujas que estaban complicando la vida a la gente, sintiendo miedo a partir de la llegada de la noche. Igualmente se comentaba que otra mujer, la cual vivía sola, y su profesión era curar la impotencia sexual de hombres y mujeres, podría ser también miembro de tan funesto clan.
Aunque casi todas las noches aparecían de una manera o de otra las brujas, hubo una semana que llevaron a cabo las típicas danzas y rezos, dando enormes gritos. Pero la última madrugada azotaron puertas y ventanas con sus negras tocas lo que originó un gran pánico entre las mujeres del barrio. Hasta que punto no llegaría a aterrorizar que las tres únicas mujeres que se encontraban en estado abortaron en el mismo día y a la misma hora.
En una nueva acción, en donde hubo desgracias personales, volvió a erizar el cabello a propios y a extraños, por lo que, nuevamente, una representación de los vecinos acudieron esta vez al Santo Oficio a presentar la correspondiente denuncia. Un Comisario llevó a cabo las averiguaciones oportunas y se pusieron vigilantes para controlar cualquier movimiento anormal que surgiese a lo largo de la noche, ya que en ese espacio de tiempo solían hacer sus salidas y sus acciones. Durante el día visitaron a las tres presuntas encartadas, pero se llevaron una gran sorpresa al comprobar que ninguna de ellas estaba ya en su domicilio, habían desaparecido sin dejar rastro alguno.
Al día siguiente, uno de los Comisarios del Santo Oficio, encontró en una casa semiderruida y abandonada a una mujer que se dedicaba a la tarea de adivinar el paradero de las personas ausentes por poco dinero, aprovechándose de la credulidad y miedo de sus convecinos. Como la gente era muy supersticiosa, ésta hacía pasar a sus clientes a una habitación oscura, en donde los tenía toda la tarde, y luego al anochecer rezaba una serie de oraciones invocando a la luna, al principio, y luego a la persona de la que querían saber su paradero.
Otra noche ocurrió un caso curioso y a la vez distinto a lo que hasta ahora había venido ocurriendo. En una casa junto a Mangan vivía un padre y su hijo solos, pues el resto de la familia había muerto, los cuales tenían una huerta en la Hoz del Huécar. Una noche, cuando estaban echándoles de comer a los burros en la cuadra que tenían junto al patio, se abrieron repentinamente las puertas de dicho lugar y como había poca luz sólo pudieron distinguir a cinco o seis mujeres las cuales les derribaron al suelo cayendo sobre el estiércol de las caballerías. Allí les arrastraron sin que ellos pudiesen hacer nada, puesto que se sintieron faltos de fuerzas.
No había transcurrido aún una semana, cuando vino a ocurrir uno de los mayores dramas y quizá el que mas terror llevó a las familias del barrio y de la ciudad. Durante la noche aparecieron sobrevolando los tejados un gran número de brujas, logrando hacer un ruido como si un huracán se tratase. Se llegaron a percibir todo tipo de rezos y unas risas histéricas, al tiempo de hacer mover su tocas negras como si fueran alas de aves flotando en el aire. La gente se pasó la mitad de la noche sin poder dormir, bien por lo que pudieron apreciar o porque todos se temían que algo gordo iba a suceder.
Cuando el sol apenas ofrecía sus primeros rayos, unos gritos desgarradores salieron de una de las casas cuya puerta principal daba a la explanada de Mangana. Una mujer daba gritos de terror y lloraba amargamente, pues su hijo más pequeño, de apenas un año, lo había encontrado en su cuna muerto con síntomas de haber fallecido por asfixia. Y en otra casa casa de la Plaza Mayor, una señora de avanzada edad había sido sacada de su cama violentamente, por lo que al caer al suelo se había roto una pierna y una clavícula.
Todos estos lamentables sucesos hizo que el Santo Oficio tomase cartas en el asunto, ya que lo ocurrido últimamente era muy peligroso, pues en el vecindario y en la ciudad cundió el pánico. Tal era la situación que se formaron varios grupos, todos ellos de hombres voluntarios, provistos de armas diversas y sofisticadas, desde una simple estaca a enormes navajas, horcas, rastrillos o grandes garrotas.
Poca cosa consiguieron en sus rastreos, señales hallaron en cantidad, pero personas que tuviesen vestimentas de la manera que se apreciaban por las noches, ninguna. Solamente llevaron ante el Santo Oficio de la Inquisición a dos mujeres que solían hacer pócimas amorosas para conseguir hechizar a los hombres. El material fabricado para su acto de brujería era muy singular, pues utilizaban corazones de pájaros machos, los cocían y luego los troceaban. A continuación los colocaban en un plato de caldo, les recitaban ciertos conjuros y se los entregaban a sus clientas para que se lo diesen a comer a sus respectivos amantes. Al parecer, así los hechizaban y retenían a su lado, impidiéndoles se fuesen con otras mujeres.
En el registro que hicieron en la casa encontraron figurillas de cera y en cada una de ellas había clavados alfileres, parece ser que era la forma de hechizar a los hombres. También aparecieron diferentes figuras de yeso de pequeño tamaño en las cuales aparecían los dos típicos alfileres clavados. A la vista de estas pruebas fueron procesadas y examinados por los Calificadores del Santo Oficio esta serie de objetos hallados en el domicilio inspeccionado.
Uno de los últimos casos fue la muerte de un niño recién nacido al cual le extrajeron las entrañas, porque según decían éstas fabricaban ungüentos maléficos, y esto lo achacaban a la serie de creencias supersticiosas que la mayoría de la gente tenía muy arraigadas.
De las brujas de Mangana se habló muchos años en esta ciudad de Cuenca, aunque también hicieron todo tipo de felonías otras brujas en el barrio actual de San Antón, así como en las huertas de las hoces del Júcar y del Huécar. Aunque si bien es verdad entonces muchas personas sufrían alucinaciones producidas por la psicosis brujeríl existente y quizás algunas acciones achacadas a las brujas fueran resultado de cierta imaginación popular o de mentes absurdas que pretendían intimidar a la gente contando cosas horribles más propias de un sádico.

miércoles, 16 de enero de 2013

ALGO PASO EN LA BASE AEREA DE TORREJON

Ocurrió en la base aérea de Torrejón donde la guardia solía hacer ronda pasando por delante del
hospital abandonado por los
americanos que allí se encuentra. Una noche, en una de esas rondas, mi compañero y yo junto con un perro policía
de la guardia
patrullábamos en Patrol por delante, y vimos que se encontraban encendidas las luces de los servicios de la planta
de abajo
del hospital, cosa rara, pues sabíamos que allí no había luz, pero pensamos que quizá la hubiesen
conectado para realizar
algunas obras o algo, así que no le dimos importancia y fuimos a apagar los interruptores del cuarto de baño,
con bastante
respeto, ya que el lugar daba bastante miedo en sí y además conocíamos varias historias del sitio.

Allí pudimos comprobar que el resto de las luces no funcionaban, sólo las del baño, lo cual nos extrañó
bastante pues si habían
conectado la luz del edificio deberían funcionar todas, así que la apagamos rápidamente y seguimos la
patrulla.

Posteriormente, sobre las dos de la madrugada, pasamos de nuevo, y volvimos a ver luces prendidas, esta vez en una de las
habitaciones de la segunda planta, pero esta vez por miedo decidimos no apagarlas y seguir como si nada. Media hora después
las luces estaban apagadas, a lo que pensamos que podía ser un niño de los chalets militares que había
al lado, el que estaba
jugando en el hospital con las luces, a lo que decidimos volver al hospital, ya que allí no podia haber nadie.

No habíamos salido del Patrol cuando se enciende otra luz de la segunda planta y nuestra teoría quedó
reforzada.

Buscamos por todo el hospital y no vimos a nadie, así que apagamos las luces, pero cuando cuando íbamos por
el pasillo principal
del segundo piso buscando la salida una luz de una habitación por la que acabábamos de estar se enciende de
repente; mi compañero
me mira y sin decirnos nada nos dirigimos a la habitación cautelosos para ver qué ha pasado. En ese momento
la tensión es
muy grande, y el lugar y los ruidos del sitio no ayudan precisamente, pero la curiosidad nos puede más que el miedo.


Yo voy delante, y mi compañero tres metros detrás con el perro, pero unos diez metros antes de llegar a la habitación
suena
un timbre, es el ruido del ascensor que se pone en marcha, esto me aterroriza pues el ascensor tampoco ha funcionado desde
que se quedó el hospital vacío. En ese momento mi compañero está justo delante de la puerta del
ascensor, y después de mirarnos
fijamente mi compañero se queda mirando a la puerta.

Dos segundos después la puerta se abre, yo no puedo ver lo que había dentro del ascensor, pero mi compañero
sí, y lo que sí
puedo ver es su cara de terror. El perro enseguida se suelta de mi compañero paralizado y se va gimiendo con el rabo
entre
las patas. Son sólo unos tres segundos pero yo sólo puedo mirar a mi compañero, hasta que le llamo:
- Carlos.
Este no contesta:
- Carlos ¿qué pasa?

Yo no me muevo, y mi compañero sólo mira al ascensor, sin reaccionar. El ascensor se cierra entonces, y Carlos
sigue mirando
la puerta durante un segundo, después me mira y puedo ver cómo una lágrima recorre su mejilla mientras
aún mantiene esa expresion
de miedo. Ahora soy yo el que no puede reaccionar, en ese momento mi compañero se gira rápido, llama al perro
como si se acabase
de dar cuenta de que se había ido. Al ver que éste no está sale corriendo a buscarle.

Esta escena sólo fue de escasos treinta segundos desde que se oye el timbre, pero lo recuerdo como si fuese una hora
entera.


Yo salgo detrás de Carlos, pero me pierde en el hospital. Al salir yo poco depués le veo llorando sentado en
el suelo con
la cabeza entre las piernas al lado del Patrol.
- ¿Qué ha pasado? -Le pregunto.
- Vámonos de aquí, por favor -me dice. Miro al perro que está junto a él tumbado, llorando.
- Sí, nos vamos -le digo.

Cogimos el patrol y seguimos patrullando, la ronda no fue igual, mi compañero no me hablo más ese día,
estaba en otro sitio,
ido totalmente. El nunca volvió a ser el mismo, y nunca conseguí que me dijese qué vio en el ascensor
del hospital.

Carlos se suicido tres meses después y a mí nadie me creyó, a pesar de que todos mis compañeros
veían a un Carlos diferente
desde aquella noche.

El cementerio


Hola Kruela,soy una chica de (Cartagena),me llamo Desiree y voy contarte esta historia que me paso a mi y a mis amigas una
noche
de Carnaval.Antes de ir con la historia quisiera decir que soy una chica a la que le encantan todo lo que tenga que ver con
el miedo,los espiritus,las cosas paranormales.A mi ya me ha ocurrido varias cosas la gente me dice que es un don que tengo
porque puedo ver los espiritus y sentir buenas o malas vibraciones,pero bueno voy a comenzar con la historia:
Estabamos yo,mi amiga,Laura,Vanessa,Yolanda y Patricia.Era Carnaval y en el pueblo donde veraneo hay mucha marcha ademas la
gente se queda a vivir todo el año.Pues bien,ya teniamos planeado que esa noche queriamos hacer algo interesante,y
pensamos
en hacer la tabla de ouija.Al principio todas ibamos muy decididas pero conforme llegaba la hora mas temiamos ese momento.Bueno
el caso es que a las 21:00 horas salimos del pueblo con las bicis y nos fuimos a un cementerio muy,muy lejano del pueblo que
esta justo detras de una montaña escalofriante.Cuando llegamos aun no era la hora asi que comenzamos a explorar el
cementerio.Cogimos
las linternas y exploramos las tumbas.En aquel cementerio,las tumbas tienen el nombre,la edad y la razon de porque se ha muerto
cada persona.Estuvimos leyendo algunas y habian muchas interesantes como casos de asesinatos,suicidios...
El caso es que yo tropece con algo que estaba en el suelo.Empece a cabar y pude ver que era una tumba enterrada era escalofriante
y comenze a leer enfocando con la linterna.Aquella tumba era la de un hombre que se llamaba Lucifarto tenia 35 años
y en la
tumba ponia que la causa de la muerte es que era que se suicido por que los espiritus se lo mandaron.El lo tomo al pie de
la letra y asi fue.Lo mas sorprendente es que abajo del texto estaba el numero 666.Estaba todo oscuro,estabamos muy asustadas
pero aun asi quisimos seguir con el reto.Nos pusimos al lado de aquella tumba sacamos la tabla...Bueno pues invocamos a Lucifarto
y nos dijo que nos fueramos y que lo dejaramos en paz.Nosotras no le hicimos caso y seguimos insistiendo entonces fue cuando
nos amenazo de muerte,rompio el vaso,la tabla salio volando...Nosotras bastante asustadas cogimos las bicicletas y nos fuimos
pero vimos que la puerta estaba ¡¡cerrada!! ¿quien la podria haber cerrado si en ese cementerio los Sabados
no hay guardia?Bueno
el caso es que estabamos aterradas y atrapadas entonces decidimos saltar.Pero tambien se nos presentaron mas obstaculos.A
mi amiga Yolanda no la dejaba salir estabamos ya todas fuera menos ella.No podia salir entonces nos fuimos todas a buscar
a mi madre y a gente que nos ayudara y a la pobre Yolanda la dejamos sola.Fue un trauma para ella,y para todas.El caso es
que cuando abrimos entre todos la puerta tampoco podia salir entrabamos y saliamos todos pero ella no podia.Todos estabamos
bastante nerviosos hasta que mi madre dijo ¡bah! y cogio a mi amiga en brazos y la consiguio sacar de aquella terrible
pesadilla.Esta
historia salio en el periodico del pueblo que es para todos los vecinos y nuestra foto.Desde entonces ni se nos ha ocurrido
hacer la ouija ni nos hemos atrevido a acercarnos por aquel cementerio pero si que seguimos contando historias de miedo porque
nos gusta sentir escalofrios.Cada vez que recordamos esta historia nos entra el terror.Bueno gracias por escucharme y felicidades
por tu web.

La casa abandonada.

En un pueblo de la Comunidad Valenciana ocurrieron estos hechos cuya noticia llegó hasta el periódico. A mí
me lo contó alguien
del mismo pueblo.
Cinco chicos se reunieron en una vieja y solitaria casa abandonada en mitad de tierras de huerta con el fin de hacer espiritismo.

Lo prepararon todo, comenzaron, y como en cada sesión que se precie, uno de ellos, el portavoz, hizo la cuestión
de inicio:
"Si hay alguien que te moleste aquí, dinos quien es y se irá".
El vaso indicó dos nombres, los dueños de los nombres se miraron sorprendidos y se despidieron de los otros
tres. Volverían
al pueblo caminando. Ya se verían más tarde.
Dejaron a los otros tres con su sesión de espiritismo y conversaron por el camino. Cuando llevaban unos cien metros
andados
escucharon un ruido y se giraron: la casa caía derrumbándose sobre los tres chicos que se habían quedado
en la sesión espiritista.

El asesinato salvaje.

Hace unos años en el pueblo de La Eliana, Valencia, una mujer pasaba unas horas en casa de unos amigos a los que tenía
especial
cariño por lo amables y atentos que eran. Los conocía desde no hacía mucho tiempo y estaba en esa fase
en la que quieres pasar
mucho tiempo con las nuevas amistades. Generalmente las horas se pasaban tan rápido que la mujer a veces se quedaba
a cenar
con ellos, previa llamada telefónica a su casa para avisar que le habían invitado y que la esperaran un rato
más tarde. Aquellos
días eran de auténtico relax, disfrute y mucha amistad.
Un día entre semana, en compañía de aquellos amigos, miró el reloj y dijo que se iba a marchar
un momento a recoger a su hija
al tren pero que luego volvería para pasar un rato más con ellos. Cogió su coche y se marchó a
la estación del tren.
Su hija, llamémosle A., había llegado apenas tres minutos antes y al ver que no había nadie para recogerla
se le ocurrió pedirle
a un amigo que vio en la estación que la acercara a casa. Los coches debieron cruzarse y la madre llegó a la
estación. ¿Por
qué se quedó esperando al próximo tren? no lo sabe ni la propia madre. Podía perfectamente haber
regresado a casa de sus amigos
o a su propia casa para verificar que su hija había perdido el tren, pero en vez de esto se quedó en la estación,
dentro de
su propio coche... esperando.
Y esperó tanto que cuando llegó el siguiente tren y vio que la hija no bajaba de éste, arrancó
el coche y se marchó, pero
MIRÓ EL RELOJ y decidió que por esta noche se iría directamente a casa. Mañana ya volvería
a disfrutar de sus amigos.
En casa se encontraron madre e hija. La madre le confesó a su hija que de no haber quedado con ella en el tren o, más
aún,
de no haber esperado al siguiente tren, seguramente aquella noche la pasaría cenando en casa de tan interesante matrimonio.
No lo dijo enfadada, mañana podría verlos otra vez.
Al día siguiente la hija, su hermana y el padre de ambas cogieron el coche para marcharse a la capital a trabajar.
Justo cuando
salían sonó el teléfono que cogió la madre y no les dejó marcharse. "Era la hermana de
xxxx (su amiga, la señora del matrimonio),
dice que está preocupada porque no cogen el teléfono. Pasad por allí a ver si ha pasado algo y luego
me llamáis para que le
diga qué pasa".
Así, salieron de su casa y se dirigieron hacia la casa del matrimonio. El padre aparcó el coche, la hija A.
bajó de este y
vio la verja ENTREABIERTA. Dentro estaban los coches y parecía que todo iba bien. Al llegar a Valencia llamaron a la
madre
para decirle que daba la impresión de que estaban a punto de salir dado que la puerta ya estaba abierta, pero que no
habían
llamado.

La chica de la curva

La leyenda es conocida tanto en España como en Europa o América, y siempre es una mujer. Hay variantes:
1.- Se sube al coche de un conductor y en la curva avisa que es un tramo muy peligroso. El conductor pone cuidado y luego
se da cuenta de que la autoestopista a la que ha recogido ya no está en el coche.
2.- La chica se sube al coche y le avisa que allí falleció ella cuando ya está en la curva, de modo que
el hombre se asusta
y sufre un accidente.
3.- Aparece para pedir ayuda porque ha habido un accidente y cuando el hombre baja se encuentra con que quien le ha avisado
es el espíritu de la conductora que ha sufrido el accidente porque en el coche aún está su bebé.

La historia que os voy a relatar le sucedió a un español. Es una mezcla del primer y segundo ejemplo, pero además
tuvo consecuencias....


Recogió a una autoestopista en una carretera de Guipuzcoa.
Llovía, y a dos metros de su coche el hombre vio aparecer a una joven de pelo larguísimo empapada por la
lluvia. Lógicamente
el hombre salió a socorrerla en mitad de la lluvia y se ofreció a ayudarla. La chica parecía estar en
estado de shock, tenía
la mirada perdida y cuando él le ofreció llevarla a algún sitio, ella se limitó a afirmar con
la cabeza.
Subieron al coche. En una carretera sin curvas un coche que venía de frente les deslumbró con sus luces
y el conductor
tuvo que dar un volantazo para evitar un accidente.
Frenó justo antes de caer en un barranco.
Respiró hondo y tras recuperarse del susto se giró hacia su derecha.
Iba a preguntarle a la chica si se encontraba bien.
Pero ella ya no estaba.
Había desaparecido.
En el lugar donde había estado sentada ella, estaba el bolso de la joven.

Al día siguiente el hombre acudió a una comisaría de policía para devolver el bolso. Allí
encontraron el pasaporte de
la joven. Tras pocas averiguaciones descubrieron que la joven que había recogido el conductor llevaba varios años
muerta.
Había fallecido en un accidente automovilístico, posiblemente en la misma zona donde la noche anterior el hombre
y el espíritu
de la chica se accidentaron.

El hombre no pudo soportar la idea.
Dos años después el hombre aún estaba ingresado (y puede que aún lo esté) en la clínica
mental Santa Águeda, de Mondragón

"EL DIABLO TAMBIÉN LAME"

Había un señor que tenía un perro que dormía debajo de la cama de él. Cuando este señor escuchaba ruidos raros, metía la mano debajo de la cama y, si el perro le lamía, era porque todo estaba bien.

Una noche, el señor oyó un ruido de goteó proveniente del baño. Metió la mano y el perro le lamió. Más tarde, seguía el ruido y el perro le seguía lamiendo. Le lamió como cinco veces antes de que el señor ya se asuste y corra al baño a ver que pasaba.

Al llegar al baño, vio al perro degollado y colgado con la cortina de baño. El goteo era de la sangre que le caía. Con la misma sangre, el señor vio escrito en el espejo:

"EL DIABLO TAMBIÉN LAME"

miércoles, 9 de enero de 2013

Catedral de Cuenca

Sobre la Catedral de Cuenca hay una leyenda según la cual Constanza de Aragón, hija de Alfonso de Aragón y reina viuda de Hungría, tuvo muy mala salud desde los 14 años. Devota de San Julián, desahuciada por sus médicos, quedó sumida en un profundo sueño cuando se encomendaba a Dios pidiéndole que le sanase. En este sueño tuvo la visión de San Julián revestido de pontifical, quién le aseguro que curaría de sus dolencias si enviaba a la Catedral de Cuenca a recoger una de las cestillas que había dejado allí (la cesta es uno de los símbolos del Grial), y que una vez en sus manos sanaría de inmediato.

Recobrada de esta manera su salud, pudo casarse por fin con su prometido, el rey de Sicilia Federico, electo emperador de Alemania en 1210 y coronado por el papa Honorio III en 1220. La emperatriz Constanza falleció ese mismo año, por esta razón es altamente probable que la ampliación de la Catedral fuera patrocinada por el propio Federico II a partir de esa fecha.

Otra leyenda referente a Catedral es la hipótesis que la relaciona con una de las profecías de Michael Nostradamus (15031566), médico y astrólogo francés de ascendencia hebrea, que alcanzó gran fama y prestigio después de que alguna de sus profecías se hubieran cumplido y que relaciona la Catedral de Cuenca, tal y como recoge Rodrigo de la Luz en su obra: “El misterio de la Catedral de Cuenca”, con el templo de Nostradamus, donde se guarda el tesoro, que lo identifica con la promesa Apocalíptica de la salvación, en el que se producirá la salvación física de la sangre humana en el cataclismo final.

Nostradamus predice que los que se refugien en él durante el Cataclismo, recibirán menos daño que las rocas que lo rodean, mediante el mensaje recuperado por alguien que se distinguirá por sus orejas.

C3VI

En el templo cerrado el rayo penetrará,
Los ciudadanos extenuados en sus fuertes:
Caballo, bueyes hombres la onda los tecará
Con hambre, sed los más débiles armados.

C8, XXIX

En la cuarta columna se consagrara a Saturno,
Por tierra temblante y deluge partido
Bajo el edificio Sturnino encontrada urna,
De oro Capión contento y luego rendido.

C1, XCVI

Aquel que tendrá a su cargo destruir,
Templos y sectas cambiados por fantasía:
Más a las rocas que a los vivientes dañará,
Mediante lenguas adornada con orejas recogidas.

La leyenda de La Cruz del Diablo, en Cuenca.


En Cuenca, ciudad de misterios, enigmas y empedradas calles repletas de pasajes históricos se cuenta una leyenda en la que antaño, un joven mozo se enamoró de una bella dama, la más linda que jamás había pisado las calles de esta ciudad, pero la cuál escondía tras su belleza un terrible secreto.
Desde la calle Pilares, bajando por un precioso empedrado, llegamos a la ermita santuario de las Angustias, erigida en el siglo XIV, aunque la actual data del siglo XVIII y es el lugar donde se centra esta leyenda.

Vivía por estas calles un hermoso muchacho, hijo del oidor de la villa. El bello zagal, en edad de efectuar sus correrías, no dejaba una sin probar, y así tomó fama de mentiroso, pendenciero y, además, bravucón; a nada de ello podían dar crédito sus familiares, pues el honorable cargo que desempeñaba el padre era, sin duda, signo de buena estirpe y descendencia.
Pero de cómo fueron las cosas en aquella época nadie lo sabe, el caso es que el muchacho corría una tras otra a todas las doncellas casaderas del lugar y, luego de cortejarlas y conseguir sus propósitos placenteros, las dejaba plantadas, sin más.
Pero un día, conoció a una dama bellísima como la luna y seductora como el diamante; además era forastera y recién llegada a la ciudad. Cuando paseaba por las calles, las mujeres bajaban sus miradas y de reojo miraban qué hombre era el primero en lanzarle una sonrisa, pues la chica dejaba a todo el mundo con la boca abierta por su belleza e irresistible impulso.
Los jóvenes salían a su encuentro para simplemente saludarla e intercambiar un buenos días o buenas tardes, cosa que siempre hacía simpática y risueña. Hasta que un buen día, nuestro apuesto galán decidió lanzarse y presentarse. La hermosa mujer lo correspondió y le dijo que se llamaba Diana. Contento y presuntuoso, se fue con el resto de sus amigotes para vacilar un poco ante ellos de que ya sabía incluso su nombre.
Diana, que tonta no era, también se percató de la belleza del joven, al que con el tiempo fue conociendo mejor, pero viendo sus claras intenciones, le daba largas y largas.
El muchacho cambió, se quedó ensimismado con Diana, estaba totalmente obcecado con ella y con hacerla suya, algo que ella le ponía muy, muy difícil. Quizá por eso de que a los hombres nos gustan los logros difíciles, éste se lo tomó como todo un reto personal e incluso declinó las ofertas de sus amigos, con los que iba de correrías.
Y una mañana, en vísperas de Todos los Santos, Diana le hizo llegar una misiva que el joven leyó sorprendido y de muy buen agrado: “Te espero en la puerta de las Angustias. Seré tuya en la Noche de los Difuntos”.

Por fin el muchacho iba a conseguirla. Esa noche se arregló tanto como pudo. Con sus mejores ropas y las fragancias más sublimes que guardaba para las ocasiones especiales, salió a conquistar a esa dama que tan loco lo volvía.
Pero esa noche se fraguó una tormenta. Los truenos retumbaban y el cielo se iluminaba como si de fuego se tratase. Él debía estar a la hora prevista en el lugar donde Diana lo había citado. Y allí, raudo y veloz, cruzó las cuatro calles que lo separaban de la puerta de las Angustias y vio a la bella doncella, ataviada con ropas que parecían de princesa.
Su corazón latía más de prisa a cada paso que daba, y su deseo era tan ardiente que las botas parecían quemar las plantas de sus pies y lo hacían alargar las zancadas.
Ella estaba en el atrio y él se abalanzó contra ella, que le respondió con unos besos tan dulces y tiernos que el muchacho, loco de desesperación, fue intensificando sus caricias hasta que sus manos comenzaron a levantar su falda.
Los truenos caían y los relámpagos iluminaban los rostros de los de los capiteles dejando intuir sombras diablescas, pero los dos jóvenes estaban tan arrebatados por la pasión que no se percataron ni de la tormenta.
Ella, casi tan encendida como él, incluso levantaba su falda más aprisa con el fin de que el muchacho consiguiera su propósito. Cuando descubrió sus preciosas y blancas piernas, vio que llevaba unos chapines altos. El muchacho fue quitándole el derecho poco a poco y de repente cayó un rayo que iluminó de pleno el pie de Diana, que resultó no ser un pie, sino una pezuña; y su pierna, la de un macho cabrío.
Aterrorizado, el joven tiró el zapato y salió corriendo dando gritos de terror y espanto. A su vez Diana, que era el mismísimo diablo, con una voz profunda, cavernosa y estrepitosamente desgarrada, lanzaba carcajadas que resonaban entre las antiguas piedras del santuario.

El joven, presa del pánico, se abrazó a la cruz que había en la puerta de las Angustias; el diablo se abalanzó sobre él, lanzándole un zarpazo al tiempo que sonaba un trueno inmenso. Cuando el chico abrió los ojos, el zarpazo le había rozado el hombro y había dejado una marca en la piedra, todavía humeante.
Se dice que el chico ingresó en el santuario de las Angustias y nunca más volvió a ver la luz del día…. ni de la noche.
Y allí, en la puerta de este lugar, podemos ver la famosa cruz de piedra a la que el joven apuesto y bravucón terminó por agarrarse para salvarse del zarpazo del diablo, que quedó grabado en la piedra y que todavía puede verse.

La muñeca maldita

Se trata de una historia en un pequeño pueblo alemán, no recuerdo exactamente su nombre porque es muy pequeño y poco conocido. Una niña de siete años, más o menos, recibió una muñeca que le regalaron a su padre en el trabajo.
La muñeca tenía muchos años de antigüedad, alegraba a la vista, era un juguete hermoso que atraería a cualquier criatura.
Se conocen leyendas urbanas que tratan de muñecas diabólicas, cualquier muñeca regalada o robada traería la mala suerte para el resto de tu vida, pero naturalmente, nadie se las cree.
La niña se divirtió bastante con ella durante una larga semana. Esa noche, la guardó como todas las noches y se fue a la cama. A la mañana siguiente se levantó, y un grito fortísimo fue oído por sus padres. Al levantarse ellos también, vieron a la niña tumbada en el suelo con unos afiladas puntillas clavadas en los pies, que casualmente alguien las dejó tiradas. Además, la muñeca no estaba en su sitio, sino en la caseta del perro, en el patio, donde encontraron al pobre animal sin cabeza.
Unas semanas más tarde, tras la tragedia, también en la noche, la casa se incendió y sus habitantes murieron quemados. Tras largas investigaciones descubrieron algo muy raro: lo único que no estaba quemado, y muy reluciente, era la preciosa muñeca.