De origen tobelio y musulmán, Cuenca, fue emplazada estratégicamente en el espolón formado por un cogollo de piedras calizas cretácicas, encasillada en la cima de un excepcional reducto natural. En aquel inigualable lugar donde esta asentada, arranca la típica fisonomía urbana conquense con sus altas casas colgadas de los peñascos y sus estrechas y tortuosas calles, originando un bello y espectacular paisaje, verdadero capricho de la madre naturaleza, adornado por fantasmagóricas y caprichosas piedras, simulando legendarios monstruos de otros mundos y galaxias.
La estructura del terreno rocoso y desigual obligó a una construcción atrevida e irregular en los edificios que tiene Cuenca en las Hoces, aunque de manera especial a la del Huécar. Apoyataban las casas y esto ofrecia un conjunto muy original, pintoresco e insólito desde los primeros "rascacielos" del Barrio de San Martín, pues hay casas con salientes irregulares que dan una idea de la originalidad de la construcción de aquella época ancestral de los primitivos conquenses tobélicos y musulmanes.
Desde el citado barrio hasta la "Peña Corba" ubicada sobre el Puente de San Martín, en el río Huécar, existieron infinidad de "casas voladas" (así llamadas en principio) que coronaban todas las riscas o prominencias rocosas, con originales y bellos balcones de madera, los cuales estaban "volados" en el vacio. Era una simbiosis de roca y morada, en donde se apreciaba una verdadera muralla de edificios, más propios de historia de ficción, simulando sus construcciones "altas cañas" con ventanas, en donde se premiaba la verticalidad y el desafío a las leyes de la gravedad.
El hacinamiento de casas en la parte alta de Cuenca asentadas sobre aquellas prominencias rocosas que se levantaban hacia el infinito como altos "rascacielos" y fachadas con sorprendentes miradores, eran consecuencia de la necesidad de buscar un espacio donde morar, ya que el poco terreno que la ciudad disponía no era sufuciente para construir edificios que daban a la Hoz del Huécar ofrecían sus balcones salientes con el fin de ganar espacios "volados" y de ahí las "Casas Voladas", denominadas en pincipio.
Hasta nuestros días han sobrevivido las famosas y legendarias "Casas del Rey", a las cuales nosotros llamamos CASAS COLGADAS. Sólo hay tres reconstruidas en diversas etapas del siglo actual, en donde se albergan el Museo de Arte Abstracto y un típico y famoso mesón. El resto de aquel buen número de "casas voladas" fueron pasto del tiempo y de la penuria de los hombres por permitir su derrumbamiento.
La historia nos confirma que las actuales Casas Colgadas fueron desde sus inicios, la residencia de verano del Arráez encargado de regir y gobernar la ciudad de Cuenca en la época de dominio musulmán. Este venía a ser un caudillo o jefe árabe que regia la ciudad, habiendo elegido aquel lugar pr tratarse del más pintoresco y el más protegido de todos.
Una vez tomada la ciudad de Cuenca por el rey alfonso VIII, éste fijó su residencia poco después en ella, en donde estuvo la Corte de Castilla a lo largo de diez años. Igualmente tomo las Casas Colgadas como palacio de verano, pues en aquella época las temperaturas en el estío solían ser muy altas, aparte de haber sido elegidas por Leonor de Lancáster, esposa del rey, ya que le agradaba contemplar desde sus balcones aquella panorámica inigualable.
Cuando hacían acto de presencia los rigores del frío, la Corte se trasladaba al Castillo, inexpugnable reducto fortificado, verdadera sede y palacio de Alfonso VIII. Durante los diez años que su corte itinerante permaneció en la ciudad, éstos dos lugares fueron los preferidos para su residencia habitual.
Como rey tenía que pasarse mucho tiempo fuera de Cuenca, pero cuando permanecía en la ciudad se preocupaba de organizar Justas o Torneos, que eran unos juegos a caballo en los que sus caballeros acreditaban se destreza en el manejo de las armas. Normalmente se celebraban con motivos de fiestas cortesanas, así daba realce a su celebración y al mismo tiempo servía de entretenimiento a los que participaban en los ejercicios guerreros, ejercitándose en el duro arte de la guerra.
El lugar escogido para celebrar estas Justas fue el espacio que había ocupado el campamento cristiano cuando pusieron sitio a la ciudad, ubicado en el llamado Campo de San francisco, en donde hoy se halla emplazadas la Diputación Provincial y la Parroquia de San esteban y San francisco.
Allí los caballeros solían combatir a caballo , en un terreno cercado de madera, separados por una valla, con objeto de evitar choques de sus monturas. En estos juegos utilizaban armas y armaduras distintas de las llevadas en las guerras, pues por ejemplo, las lanzas no llevaban el hierro normal, sino el "roquete" que no hería al adversario, sólo lo derribaba. Igualmente llevaban armaduras reforzadas con piezas dobles, por lo que no era fácil ser herido, pues lo único que se perseguía era derribar al contrario para demostrar la destreza en el manejo de las armas.
Una especie de tribuna o plataforma elevada estaba situada en un lateral donde los reyen presenciaban los combates, en los cuales nunca participó Alfonso VIII, aunque se aseguraba que sí lo hacía días antes, cuando entrenaban los caballeros participantes. En ellos demostraba siempre su alta preparación y arrojo, pues todos temían enfrentarse a él, dado que afirmaban se trataba de un verdadero caballero experto en el manejo de la espada y de la lanza.
Otro espectáculo que implantó el rey fue "correr los toros", ya que por primera vez se hizo conmemorando la conquista de la ciudad, celebrándose en la Plaza Mayor, pues quiso Alfonso VIII que sus soldados se solazaran , se entretuviesen con los juegos de unos toros o vacas, unas veces sueltos y otras amarrados a una marona que, de manera experta movían los "maromeros" encargados de correr las reses.
Después se vieron en la necesidad de cambiar el lugar de aquella popular fiesta, dado que se iniciaron las obras de construcción de la Catedral, y la primitiva zona estaba ocupada. Para ello eligieron correr los toros a ambos lados del río Huécar, por sus riberas, o bien a caballo o por los corredores a pie. En aquel lugar estos festejos solían ser más divertidos, puesto que muchos de los que corrían las vacas o toros terminaban cayendo al cauce del río evitando así ser cogidos por alguna de éstas. Aunque también es verdad que en muchisimas ocasiones las vacas iban igualmente al agua sigiendo a los corredores que las acosaban.
Estas fiestas que año tras añosse hacían más populares, llevaban mucha gente a tan singular "coso taurino". Este se extendía desde el comienzo de la hoz hasta el espacio comprendido entre el Cerro Socorro y los barrios de San Martín y Santa Catalina. El gran número de espectadores que atraían estos festejos, normalmente se instalaban en las subidas a los citados barrios y de manera especial en las laderas del Cerro Socorro. Se cuenta que siempre había algún herido, bien por haber sido cogido por alguna de aquellas vacas de cuernos albultados o por caídas en las continuas carreras que hacían.
El deporte más practicado por el rey era la caza, de manera preferente la caza mayor, para lo cual se organizaban batidas de montería sirviéndose de caballos y enormas jaurías de perros para acosar a las piezas. Previamente preparaban redes y trampas, después se persegía a los animales instigándoles a que siguiesen un determinado recorrido por donde estaban instaladas éstas. Por toda esta zona abundaban el jabalí y el zorro, así como el lobo y el ciervo; para hallar estos dos últimos había que adentrarse mucho más en la serranía, en sus zonas boscosas.
También practicaban el dífil arte de la cetrería, utilizando el halcón peregrino, ave rapaz muy util en la caza, cuando se hallaba bien domesticado. La fortaleza de sus garras y e vuelo rápido que practicaba hacía de ésta rapz un enemigo temible en la caza de la volatería, ya que era tierra de palomas y perdices, así como palomas torcaces.No obstante se solía cazar con este mismo animal algunas que otras liebres y conejos camperos.
Al estar instalada la Corte en Cuenca este hecho hizo posible que se poblase con cierta rapidez, pues la concesión del Fuero de Cuenca, denominado por expertos como "pieza de gran importancia en la Historia del Derecho Español", al coneder una serie de exenciones y privilegios a los que viviesen en la ciudad, logró que Cuenca fuese la "tierra prometida" por muchas familias que habían perdido sus hogares en aquella interminable lucha con los árabes, los cuales todo lo habían arrasado.
Por lo cual, la "Casas Colgadas", tiene una relación directa con la Corte Real, ya que aquellas construccciones que incitaban al ingenio,retaban a la verticalidad y dba como resultadouna ciudad de embrujo donde la rocadefine como lugar único por su solidez, habiendo sido bautizada como " prodigio arqutectónico", en donde todo es fantasía, creatividad, encanto,brujería y un buen ejemplo de sana imaginación.
En este tipo de construcciones, las casas parecen besarse por los tejados y asomarse por sus balcones volados, como si estuviesen jugando continuamente al escondite con las leyes de la gravedad. En Cuenca, éstas no existen, aquí las casas se han hecho con "leyes de necesidad", olvidandose la plomada y de la geometría, buscando lo utilitario y su validez para morar. Sólo hizo falta de fantasía , sólo fantasía, mucha fantasía.
viernes, 15 de marzo de 2013
LAS BRUJAS DE MANGANA
Corría el año 1615 cuando el Santo Oficio de la Inquisición tuvo que tomar parte en un asunto relativo a la existencia de un grupo de brujas en la Torre de Mangana. Al parecer, varios vecinos de aquel barrio presentaron una denuncia al haber comprobado como todas las noches oían ruidos extraños, gritos alarmantes e incluso vieron realizar danzas macabras consistentes en hacer círculos arrojándose finalmente al suelo. También se deslizaban de una parte a otra de la explanada, oyéndose sus rezos, sus carreras, al tiempo de quitarse y ponerse la toca repetidas veces pidiendo a gritos la presencia del diablo.
En el barrio y en toda la ciudad se comentaban estos hechos que venían a hacerse eco de ese tipo de creencias supersticiosas, muy arraigadas en esa época, las cuales se iban extendiendo como un reguero de pólvora por todo el país.
Se hablaba que habían visto volar a un grupo de brujas por las noches, pasando éstas a las casas por las chimeneas como si de simples pájaros nocturnos se tratase. Nadie creyó, en principio estos comentarios, pero cuando empezaron a ocurrir casos horribles el pánico cundió por todo el barrio de Mangana e incluso por toda la ciudad de Cuenca.
Se comentaba que, una noche varios vecinos habían visto volar al grupo de brujas sobre los tejados del barrio y luego detenerse en el corral o patio interior de una de las casas, se comprobó a la mañana siguiente que todos los animales que habitaban en sus corrales, como gallinas, conejos, palomas, patos, etc., aparecieron muertos sin señales aparentes de haber tenido una muerte aparatosa o brutal. Esto hizo que muchas familias decidiesen no salir de su casa después de la puesta de sol. No sólo temían por lo que les pudiese ocurrir a ellos, sino por sus hijos y abuelos o personas mayores que vivían en sus mismos domicilios.
A partir de ese momento llegó a pensarse que dos señoras, vecinas del barrio, cuya vida era un misterio, y además se dedicaban a curar el "mal de ojo", podrían ser componentes del conjunto de brujas que estaban complicando la vida a la gente, sintiendo miedo a partir de la llegada de la noche. Igualmente se comentaba que otra mujer, la cual vivía sola, y su profesión era curar la impotencia sexual de hombres y mujeres, podría ser también miembro de tan funesto clan.
Aunque casi todas las noches aparecían de una manera o de otra las brujas, hubo una semana que llevaron a cabo las típicas danzas y rezos, dando enormes gritos. Pero la última madrugada azotaron puertas y ventanas con sus negras tocas lo que originó un gran pánico entre las mujeres del barrio. Hasta que punto no llegaría a aterrorizar que las tres únicas mujeres que se encontraban en estado abortaron en el mismo día y a la misma hora.
En una nueva acción, en donde hubo desgracias personales, volvió a erizar el cabello a propios y a extraños, por lo que, nuevamente, una representación de los vecinos acudieron esta vez al Santo Oficio a presentar la correspondiente denuncia. Un Comisario llevó a cabo las averiguaciones oportunas y se pusieron vigilantes para controlar cualquier movimiento anormal que surgiese a lo largo de la noche, ya que en ese espacio de tiempo solían hacer sus salidas y sus acciones. Durante el día visitaron a las tres presuntas encartadas, pero se llevaron una gran sorpresa al comprobar que ninguna de ellas estaba ya en su domicilio, habían desaparecido sin dejar rastro alguno.
Al día siguiente, uno de los Comisarios del Santo Oficio, encontró en una casa semiderruida y abandonada a una mujer que se dedicaba a la tarea de adivinar el paradero de las personas ausentes por poco dinero, aprovechándose de la credulidad y miedo de sus convecinos. Como la gente era muy supersticiosa, ésta hacía pasar a sus clientes a una habitación oscura, en donde los tenía toda la tarde, y luego al anochecer rezaba una serie de oraciones invocando a la luna, al principio, y luego a la persona de la que querían saber su paradero.
Otra noche ocurrió un caso curioso y a la vez distinto a lo que hasta ahora había venido ocurriendo. En una casa junto a Mangan vivía un padre y su hijo solos, pues el resto de la familia había muerto, los cuales tenían una huerta en la Hoz del Huécar. Una noche, cuando estaban echándoles de comer a los burros en la cuadra que tenían junto al patio, se abrieron repentinamente las puertas de dicho lugar y como había poca luz sólo pudieron distinguir a cinco o seis mujeres las cuales les derribaron al suelo cayendo sobre el estiércol de las caballerías. Allí les arrastraron sin que ellos pudiesen hacer nada, puesto que se sintieron faltos de fuerzas.
No había transcurrido aún una semana, cuando vino a ocurrir uno de los mayores dramas y quizá el que mas terror llevó a las familias del barrio y de la ciudad. Durante la noche aparecieron sobrevolando los tejados un gran número de brujas, logrando hacer un ruido como si un huracán se tratase. Se llegaron a percibir todo tipo de rezos y unas risas histéricas, al tiempo de hacer mover su tocas negras como si fueran alas de aves flotando en el aire. La gente se pasó la mitad de la noche sin poder dormir, bien por lo que pudieron apreciar o porque todos se temían que algo gordo iba a suceder.
Cuando el sol apenas ofrecía sus primeros rayos, unos gritos desgarradores salieron de una de las casas cuya puerta principal daba a la explanada de Mangana. Una mujer daba gritos de terror y lloraba amargamente, pues su hijo más pequeño, de apenas un año, lo había encontrado en su cuna muerto con síntomas de haber fallecido por asfixia. Y en otra casa casa de la Plaza Mayor, una señora de avanzada edad había sido sacada de su cama violentamente, por lo que al caer al suelo se había roto una pierna y una clavícula.
Todos estos lamentables sucesos hizo que el Santo Oficio tomase cartas en el asunto, ya que lo ocurrido últimamente era muy peligroso, pues en el vecindario y en la ciudad cundió el pánico. Tal era la situación que se formaron varios grupos, todos ellos de hombres voluntarios, provistos de armas diversas y sofisticadas, desde una simple estaca a enormes navajas, horcas, rastrillos o grandes garrotas.
Poca cosa consiguieron en sus rastreos, señales hallaron en cantidad, pero personas que tuviesen vestimentas de la manera que se apreciaban por las noches, ninguna. Solamente llevaron ante el Santo Oficio de la Inquisición a dos mujeres que solían hacer pócimas amorosas para conseguir hechizar a los hombres. El material fabricado para su acto de brujería era muy singular, pues utilizaban corazones de pájaros machos, los cocían y luego los troceaban. A continuación los colocaban en un plato de caldo, les recitaban ciertos conjuros y se los entregaban a sus clientas para que se lo diesen a comer a sus respectivos amantes. Al parecer, así los hechizaban y retenían a su lado, impidiéndoles se fuesen con otras mujeres.
En el registro que hicieron en la casa encontraron figurillas de cera y en cada una de ellas había clavados alfileres, parece ser que era la forma de hechizar a los hombres. También aparecieron diferentes figuras de yeso de pequeño tamaño en las cuales aparecían los dos típicos alfileres clavados. A la vista de estas pruebas fueron procesadas y examinados por los Calificadores del Santo Oficio esta serie de objetos hallados en el domicilio inspeccionado.
Uno de los últimos casos fue la muerte de un niño recién nacido al cual le extrajeron las entrañas, porque según decían éstas fabricaban ungüentos maléficos, y esto lo achacaban a la serie de creencias supersticiosas que la mayoría de la gente tenía muy arraigadas.
De las brujas de Mangana se habló muchos años en esta ciudad de Cuenca, aunque también hicieron todo tipo de felonías otras brujas en el barrio actual de San Antón, así como en las huertas de las hoces del Júcar y del Huécar. Aunque si bien es verdad entonces muchas personas sufrían alucinaciones producidas por la psicosis brujeríl existente y quizás algunas acciones achacadas a las brujas fueran resultado de cierta imaginación popular o de mentes absurdas que pretendían intimidar a la gente contando cosas horribles más propias de un sádico.
En el barrio y en toda la ciudad se comentaban estos hechos que venían a hacerse eco de ese tipo de creencias supersticiosas, muy arraigadas en esa época, las cuales se iban extendiendo como un reguero de pólvora por todo el país.
Se hablaba que habían visto volar a un grupo de brujas por las noches, pasando éstas a las casas por las chimeneas como si de simples pájaros nocturnos se tratase. Nadie creyó, en principio estos comentarios, pero cuando empezaron a ocurrir casos horribles el pánico cundió por todo el barrio de Mangana e incluso por toda la ciudad de Cuenca.
Se comentaba que, una noche varios vecinos habían visto volar al grupo de brujas sobre los tejados del barrio y luego detenerse en el corral o patio interior de una de las casas, se comprobó a la mañana siguiente que todos los animales que habitaban en sus corrales, como gallinas, conejos, palomas, patos, etc., aparecieron muertos sin señales aparentes de haber tenido una muerte aparatosa o brutal. Esto hizo que muchas familias decidiesen no salir de su casa después de la puesta de sol. No sólo temían por lo que les pudiese ocurrir a ellos, sino por sus hijos y abuelos o personas mayores que vivían en sus mismos domicilios.
A partir de ese momento llegó a pensarse que dos señoras, vecinas del barrio, cuya vida era un misterio, y además se dedicaban a curar el "mal de ojo", podrían ser componentes del conjunto de brujas que estaban complicando la vida a la gente, sintiendo miedo a partir de la llegada de la noche. Igualmente se comentaba que otra mujer, la cual vivía sola, y su profesión era curar la impotencia sexual de hombres y mujeres, podría ser también miembro de tan funesto clan.
Aunque casi todas las noches aparecían de una manera o de otra las brujas, hubo una semana que llevaron a cabo las típicas danzas y rezos, dando enormes gritos. Pero la última madrugada azotaron puertas y ventanas con sus negras tocas lo que originó un gran pánico entre las mujeres del barrio. Hasta que punto no llegaría a aterrorizar que las tres únicas mujeres que se encontraban en estado abortaron en el mismo día y a la misma hora.
En una nueva acción, en donde hubo desgracias personales, volvió a erizar el cabello a propios y a extraños, por lo que, nuevamente, una representación de los vecinos acudieron esta vez al Santo Oficio a presentar la correspondiente denuncia. Un Comisario llevó a cabo las averiguaciones oportunas y se pusieron vigilantes para controlar cualquier movimiento anormal que surgiese a lo largo de la noche, ya que en ese espacio de tiempo solían hacer sus salidas y sus acciones. Durante el día visitaron a las tres presuntas encartadas, pero se llevaron una gran sorpresa al comprobar que ninguna de ellas estaba ya en su domicilio, habían desaparecido sin dejar rastro alguno.
Al día siguiente, uno de los Comisarios del Santo Oficio, encontró en una casa semiderruida y abandonada a una mujer que se dedicaba a la tarea de adivinar el paradero de las personas ausentes por poco dinero, aprovechándose de la credulidad y miedo de sus convecinos. Como la gente era muy supersticiosa, ésta hacía pasar a sus clientes a una habitación oscura, en donde los tenía toda la tarde, y luego al anochecer rezaba una serie de oraciones invocando a la luna, al principio, y luego a la persona de la que querían saber su paradero.
Otra noche ocurrió un caso curioso y a la vez distinto a lo que hasta ahora había venido ocurriendo. En una casa junto a Mangan vivía un padre y su hijo solos, pues el resto de la familia había muerto, los cuales tenían una huerta en la Hoz del Huécar. Una noche, cuando estaban echándoles de comer a los burros en la cuadra que tenían junto al patio, se abrieron repentinamente las puertas de dicho lugar y como había poca luz sólo pudieron distinguir a cinco o seis mujeres las cuales les derribaron al suelo cayendo sobre el estiércol de las caballerías. Allí les arrastraron sin que ellos pudiesen hacer nada, puesto que se sintieron faltos de fuerzas.
No había transcurrido aún una semana, cuando vino a ocurrir uno de los mayores dramas y quizá el que mas terror llevó a las familias del barrio y de la ciudad. Durante la noche aparecieron sobrevolando los tejados un gran número de brujas, logrando hacer un ruido como si un huracán se tratase. Se llegaron a percibir todo tipo de rezos y unas risas histéricas, al tiempo de hacer mover su tocas negras como si fueran alas de aves flotando en el aire. La gente se pasó la mitad de la noche sin poder dormir, bien por lo que pudieron apreciar o porque todos se temían que algo gordo iba a suceder.
Cuando el sol apenas ofrecía sus primeros rayos, unos gritos desgarradores salieron de una de las casas cuya puerta principal daba a la explanada de Mangana. Una mujer daba gritos de terror y lloraba amargamente, pues su hijo más pequeño, de apenas un año, lo había encontrado en su cuna muerto con síntomas de haber fallecido por asfixia. Y en otra casa casa de la Plaza Mayor, una señora de avanzada edad había sido sacada de su cama violentamente, por lo que al caer al suelo se había roto una pierna y una clavícula.
Todos estos lamentables sucesos hizo que el Santo Oficio tomase cartas en el asunto, ya que lo ocurrido últimamente era muy peligroso, pues en el vecindario y en la ciudad cundió el pánico. Tal era la situación que se formaron varios grupos, todos ellos de hombres voluntarios, provistos de armas diversas y sofisticadas, desde una simple estaca a enormes navajas, horcas, rastrillos o grandes garrotas.
Poca cosa consiguieron en sus rastreos, señales hallaron en cantidad, pero personas que tuviesen vestimentas de la manera que se apreciaban por las noches, ninguna. Solamente llevaron ante el Santo Oficio de la Inquisición a dos mujeres que solían hacer pócimas amorosas para conseguir hechizar a los hombres. El material fabricado para su acto de brujería era muy singular, pues utilizaban corazones de pájaros machos, los cocían y luego los troceaban. A continuación los colocaban en un plato de caldo, les recitaban ciertos conjuros y se los entregaban a sus clientas para que se lo diesen a comer a sus respectivos amantes. Al parecer, así los hechizaban y retenían a su lado, impidiéndoles se fuesen con otras mujeres.
En el registro que hicieron en la casa encontraron figurillas de cera y en cada una de ellas había clavados alfileres, parece ser que era la forma de hechizar a los hombres. También aparecieron diferentes figuras de yeso de pequeño tamaño en las cuales aparecían los dos típicos alfileres clavados. A la vista de estas pruebas fueron procesadas y examinados por los Calificadores del Santo Oficio esta serie de objetos hallados en el domicilio inspeccionado.
Uno de los últimos casos fue la muerte de un niño recién nacido al cual le extrajeron las entrañas, porque según decían éstas fabricaban ungüentos maléficos, y esto lo achacaban a la serie de creencias supersticiosas que la mayoría de la gente tenía muy arraigadas.
De las brujas de Mangana se habló muchos años en esta ciudad de Cuenca, aunque también hicieron todo tipo de felonías otras brujas en el barrio actual de San Antón, así como en las huertas de las hoces del Júcar y del Huécar. Aunque si bien es verdad entonces muchas personas sufrían alucinaciones producidas por la psicosis brujeríl existente y quizás algunas acciones achacadas a las brujas fueran resultado de cierta imaginación popular o de mentes absurdas que pretendían intimidar a la gente contando cosas horribles más propias de un sádico.
miércoles, 16 de enero de 2013
ALGO PASO EN LA BASE AEREA DE TORREJON
Ocurrió en la base aérea de Torrejón donde la guardia solía hacer ronda pasando por delante del
hospital abandonado por los
americanos que allí se encuentra. Una noche, en una de esas rondas, mi compañero y yo junto con un perro policía
de la guardia
patrullábamos en Patrol por delante, y vimos que se encontraban encendidas las luces de los servicios de la planta
de abajo
del hospital, cosa rara, pues sabíamos que allí no había luz, pero pensamos que quizá la hubiesen
conectado para realizar
algunas obras o algo, así que no le dimos importancia y fuimos a apagar los interruptores del cuarto de baño,
con bastante
respeto, ya que el lugar daba bastante miedo en sí y además conocíamos varias historias del sitio.
Allí pudimos comprobar que el resto de las luces no funcionaban, sólo las del baño, lo cual nos extrañó
bastante pues si habían
conectado la luz del edificio deberían funcionar todas, así que la apagamos rápidamente y seguimos la
patrulla.
Posteriormente, sobre las dos de la madrugada, pasamos de nuevo, y volvimos a ver luces prendidas, esta vez en una de las
habitaciones de la segunda planta, pero esta vez por miedo decidimos no apagarlas y seguir como si nada. Media hora después
las luces estaban apagadas, a lo que pensamos que podía ser un niño de los chalets militares que había
al lado, el que estaba
jugando en el hospital con las luces, a lo que decidimos volver al hospital, ya que allí no podia haber nadie.
No habíamos salido del Patrol cuando se enciende otra luz de la segunda planta y nuestra teoría quedó
reforzada.
Buscamos por todo el hospital y no vimos a nadie, así que apagamos las luces, pero cuando cuando íbamos por
el pasillo principal
del segundo piso buscando la salida una luz de una habitación por la que acabábamos de estar se enciende de
repente; mi compañero
me mira y sin decirnos nada nos dirigimos a la habitación cautelosos para ver qué ha pasado. En ese momento
la tensión es
muy grande, y el lugar y los ruidos del sitio no ayudan precisamente, pero la curiosidad nos puede más que el miedo.
Yo voy delante, y mi compañero tres metros detrás con el perro, pero unos diez metros antes de llegar a la habitación
suena
un timbre, es el ruido del ascensor que se pone en marcha, esto me aterroriza pues el ascensor tampoco ha funcionado desde
que se quedó el hospital vacío. En ese momento mi compañero está justo delante de la puerta del
ascensor, y después de mirarnos
fijamente mi compañero se queda mirando a la puerta.
Dos segundos después la puerta se abre, yo no puedo ver lo que había dentro del ascensor, pero mi compañero
sí, y lo que sí
puedo ver es su cara de terror. El perro enseguida se suelta de mi compañero paralizado y se va gimiendo con el rabo
entre
las patas. Son sólo unos tres segundos pero yo sólo puedo mirar a mi compañero, hasta que le llamo:
- Carlos.
Este no contesta:
- Carlos ¿qué pasa?
Yo no me muevo, y mi compañero sólo mira al ascensor, sin reaccionar. El ascensor se cierra entonces, y Carlos
sigue mirando
la puerta durante un segundo, después me mira y puedo ver cómo una lágrima recorre su mejilla mientras
aún mantiene esa expresion
de miedo. Ahora soy yo el que no puede reaccionar, en ese momento mi compañero se gira rápido, llama al perro
como si se acabase
de dar cuenta de que se había ido. Al ver que éste no está sale corriendo a buscarle.
Esta escena sólo fue de escasos treinta segundos desde que se oye el timbre, pero lo recuerdo como si fuese una hora
entera.
Yo salgo detrás de Carlos, pero me pierde en el hospital. Al salir yo poco depués le veo llorando sentado en
el suelo con
la cabeza entre las piernas al lado del Patrol.
- ¿Qué ha pasado? -Le pregunto.
- Vámonos de aquí, por favor -me dice. Miro al perro que está junto a él tumbado, llorando.
- Sí, nos vamos -le digo.
Cogimos el patrol y seguimos patrullando, la ronda no fue igual, mi compañero no me hablo más ese día,
estaba en otro sitio,
ido totalmente. El nunca volvió a ser el mismo, y nunca conseguí que me dijese qué vio en el ascensor
del hospital.
Carlos se suicido tres meses después y a mí nadie me creyó, a pesar de que todos mis compañeros
veían a un Carlos diferente
desde aquella noche.
hospital abandonado por los
americanos que allí se encuentra. Una noche, en una de esas rondas, mi compañero y yo junto con un perro policía
de la guardia
patrullábamos en Patrol por delante, y vimos que se encontraban encendidas las luces de los servicios de la planta
de abajo
del hospital, cosa rara, pues sabíamos que allí no había luz, pero pensamos que quizá la hubiesen
conectado para realizar
algunas obras o algo, así que no le dimos importancia y fuimos a apagar los interruptores del cuarto de baño,
con bastante
respeto, ya que el lugar daba bastante miedo en sí y además conocíamos varias historias del sitio.
Allí pudimos comprobar que el resto de las luces no funcionaban, sólo las del baño, lo cual nos extrañó
bastante pues si habían
conectado la luz del edificio deberían funcionar todas, así que la apagamos rápidamente y seguimos la
patrulla.
Posteriormente, sobre las dos de la madrugada, pasamos de nuevo, y volvimos a ver luces prendidas, esta vez en una de las
habitaciones de la segunda planta, pero esta vez por miedo decidimos no apagarlas y seguir como si nada. Media hora después
las luces estaban apagadas, a lo que pensamos que podía ser un niño de los chalets militares que había
al lado, el que estaba
jugando en el hospital con las luces, a lo que decidimos volver al hospital, ya que allí no podia haber nadie.
No habíamos salido del Patrol cuando se enciende otra luz de la segunda planta y nuestra teoría quedó
reforzada.
Buscamos por todo el hospital y no vimos a nadie, así que apagamos las luces, pero cuando cuando íbamos por
el pasillo principal
del segundo piso buscando la salida una luz de una habitación por la que acabábamos de estar se enciende de
repente; mi compañero
me mira y sin decirnos nada nos dirigimos a la habitación cautelosos para ver qué ha pasado. En ese momento
la tensión es
muy grande, y el lugar y los ruidos del sitio no ayudan precisamente, pero la curiosidad nos puede más que el miedo.
Yo voy delante, y mi compañero tres metros detrás con el perro, pero unos diez metros antes de llegar a la habitación
suena
un timbre, es el ruido del ascensor que se pone en marcha, esto me aterroriza pues el ascensor tampoco ha funcionado desde
que se quedó el hospital vacío. En ese momento mi compañero está justo delante de la puerta del
ascensor, y después de mirarnos
fijamente mi compañero se queda mirando a la puerta.
Dos segundos después la puerta se abre, yo no puedo ver lo que había dentro del ascensor, pero mi compañero
sí, y lo que sí
puedo ver es su cara de terror. El perro enseguida se suelta de mi compañero paralizado y se va gimiendo con el rabo
entre
las patas. Son sólo unos tres segundos pero yo sólo puedo mirar a mi compañero, hasta que le llamo:
- Carlos.
Este no contesta:
- Carlos ¿qué pasa?
Yo no me muevo, y mi compañero sólo mira al ascensor, sin reaccionar. El ascensor se cierra entonces, y Carlos
sigue mirando
la puerta durante un segundo, después me mira y puedo ver cómo una lágrima recorre su mejilla mientras
aún mantiene esa expresion
de miedo. Ahora soy yo el que no puede reaccionar, en ese momento mi compañero se gira rápido, llama al perro
como si se acabase
de dar cuenta de que se había ido. Al ver que éste no está sale corriendo a buscarle.
Esta escena sólo fue de escasos treinta segundos desde que se oye el timbre, pero lo recuerdo como si fuese una hora
entera.
Yo salgo detrás de Carlos, pero me pierde en el hospital. Al salir yo poco depués le veo llorando sentado en
el suelo con
la cabeza entre las piernas al lado del Patrol.
- ¿Qué ha pasado? -Le pregunto.
- Vámonos de aquí, por favor -me dice. Miro al perro que está junto a él tumbado, llorando.
- Sí, nos vamos -le digo.
Cogimos el patrol y seguimos patrullando, la ronda no fue igual, mi compañero no me hablo más ese día,
estaba en otro sitio,
ido totalmente. El nunca volvió a ser el mismo, y nunca conseguí que me dijese qué vio en el ascensor
del hospital.
Carlos se suicido tres meses después y a mí nadie me creyó, a pesar de que todos mis compañeros
veían a un Carlos diferente
desde aquella noche.
El cementerio
Hola Kruela,soy una chica de (Cartagena),me llamo Desiree y voy contarte esta historia que me paso a mi y a mis amigas una
noche
de Carnaval.Antes de ir con la historia quisiera decir que soy una chica a la que le encantan todo lo que tenga que ver con
el miedo,los espiritus,las cosas paranormales.A mi ya me ha ocurrido varias cosas la gente me dice que es un don que tengo
porque puedo ver los espiritus y sentir buenas o malas vibraciones,pero bueno voy a comenzar con la historia:
Estabamos yo,mi amiga,Laura,Vanessa,Yolanda y Patricia.Era Carnaval y en el pueblo donde veraneo hay mucha marcha ademas la
gente se queda a vivir todo el año.Pues bien,ya teniamos planeado que esa noche queriamos hacer algo interesante,y
pensamos
en hacer la tabla de ouija.Al principio todas ibamos muy decididas pero conforme llegaba la hora mas temiamos ese momento.Bueno
el caso es que a las 21:00 horas salimos del pueblo con las bicis y nos fuimos a un cementerio muy,muy lejano del pueblo que
esta justo detras de una montaña escalofriante.Cuando llegamos aun no era la hora asi que comenzamos a explorar el
cementerio.Cogimos
las linternas y exploramos las tumbas.En aquel cementerio,las tumbas tienen el nombre,la edad y la razon de porque se ha muerto
cada persona.Estuvimos leyendo algunas y habian muchas interesantes como casos de asesinatos,suicidios...
El caso es que yo tropece con algo que estaba en el suelo.Empece a cabar y pude ver que era una tumba enterrada era escalofriante
y comenze a leer enfocando con la linterna.Aquella tumba era la de un hombre que se llamaba Lucifarto tenia 35 años
y en la
tumba ponia que la causa de la muerte es que era que se suicido por que los espiritus se lo mandaron.El lo tomo al pie de
la letra y asi fue.Lo mas sorprendente es que abajo del texto estaba el numero 666.Estaba todo oscuro,estabamos muy asustadas
pero aun asi quisimos seguir con el reto.Nos pusimos al lado de aquella tumba sacamos la tabla...Bueno pues invocamos a Lucifarto
y nos dijo que nos fueramos y que lo dejaramos en paz.Nosotras no le hicimos caso y seguimos insistiendo entonces fue cuando
nos amenazo de muerte,rompio el vaso,la tabla salio volando...Nosotras bastante asustadas cogimos las bicicletas y nos fuimos
pero vimos que la puerta estaba ¡¡cerrada!! ¿quien la podria haber cerrado si en ese cementerio los Sabados
no hay guardia?Bueno
el caso es que estabamos aterradas y atrapadas entonces decidimos saltar.Pero tambien se nos presentaron mas obstaculos.A
mi amiga Yolanda no la dejaba salir estabamos ya todas fuera menos ella.No podia salir entonces nos fuimos todas a buscar
a mi madre y a gente que nos ayudara y a la pobre Yolanda la dejamos sola.Fue un trauma para ella,y para todas.El caso es
que cuando abrimos entre todos la puerta tampoco podia salir entrabamos y saliamos todos pero ella no podia.Todos estabamos
bastante nerviosos hasta que mi madre dijo ¡bah! y cogio a mi amiga en brazos y la consiguio sacar de aquella terrible
pesadilla.Esta
historia salio en el periodico del pueblo que es para todos los vecinos y nuestra foto.Desde entonces ni se nos ha ocurrido
hacer la ouija ni nos hemos atrevido a acercarnos por aquel cementerio pero si que seguimos contando historias de miedo porque
nos gusta sentir escalofrios.Cada vez que recordamos esta historia nos entra el terror.Bueno gracias por escucharme y felicidades
por tu web.
La casa abandonada.
En un pueblo de la Comunidad Valenciana ocurrieron estos hechos cuya noticia llegó hasta el periódico. A mí
me lo contó alguien
del mismo pueblo.
Cinco chicos se reunieron en una vieja y solitaria casa abandonada en mitad de tierras de huerta con el fin de hacer espiritismo.
Lo prepararon todo, comenzaron, y como en cada sesión que se precie, uno de ellos, el portavoz, hizo la cuestión
de inicio:
"Si hay alguien que te moleste aquí, dinos quien es y se irá".
El vaso indicó dos nombres, los dueños de los nombres se miraron sorprendidos y se despidieron de los otros
tres. Volverían
al pueblo caminando. Ya se verían más tarde.
Dejaron a los otros tres con su sesión de espiritismo y conversaron por el camino. Cuando llevaban unos cien metros
andados
escucharon un ruido y se giraron: la casa caía derrumbándose sobre los tres chicos que se habían quedado
en la sesión espiritista.
me lo contó alguien
del mismo pueblo.
Cinco chicos se reunieron en una vieja y solitaria casa abandonada en mitad de tierras de huerta con el fin de hacer espiritismo.
Lo prepararon todo, comenzaron, y como en cada sesión que se precie, uno de ellos, el portavoz, hizo la cuestión
de inicio:
"Si hay alguien que te moleste aquí, dinos quien es y se irá".
El vaso indicó dos nombres, los dueños de los nombres se miraron sorprendidos y se despidieron de los otros
tres. Volverían
al pueblo caminando. Ya se verían más tarde.
Dejaron a los otros tres con su sesión de espiritismo y conversaron por el camino. Cuando llevaban unos cien metros
andados
escucharon un ruido y se giraron: la casa caía derrumbándose sobre los tres chicos que se habían quedado
en la sesión espiritista.
El asesinato salvaje.
Hace unos años en el pueblo de La Eliana, Valencia, una mujer pasaba unas horas en casa de unos amigos a los que tenía
especial
cariño por lo amables y atentos que eran. Los conocía desde no hacía mucho tiempo y estaba en esa fase
en la que quieres pasar
mucho tiempo con las nuevas amistades. Generalmente las horas se pasaban tan rápido que la mujer a veces se quedaba
a cenar
con ellos, previa llamada telefónica a su casa para avisar que le habían invitado y que la esperaran un rato
más tarde. Aquellos
días eran de auténtico relax, disfrute y mucha amistad.
Un día entre semana, en compañía de aquellos amigos, miró el reloj y dijo que se iba a marchar
un momento a recoger a su hija
al tren pero que luego volvería para pasar un rato más con ellos. Cogió su coche y se marchó a
la estación del tren.
Su hija, llamémosle A., había llegado apenas tres minutos antes y al ver que no había nadie para recogerla
se le ocurrió pedirle
a un amigo que vio en la estación que la acercara a casa. Los coches debieron cruzarse y la madre llegó a la
estación. ¿Por
qué se quedó esperando al próximo tren? no lo sabe ni la propia madre. Podía perfectamente haber
regresado a casa de sus amigos
o a su propia casa para verificar que su hija había perdido el tren, pero en vez de esto se quedó en la estación,
dentro de
su propio coche... esperando.
Y esperó tanto que cuando llegó el siguiente tren y vio que la hija no bajaba de éste, arrancó
el coche y se marchó, pero
MIRÓ EL RELOJ y decidió que por esta noche se iría directamente a casa. Mañana ya volvería
a disfrutar de sus amigos.
En casa se encontraron madre e hija. La madre le confesó a su hija que de no haber quedado con ella en el tren o, más
aún,
de no haber esperado al siguiente tren, seguramente aquella noche la pasaría cenando en casa de tan interesante matrimonio.
No lo dijo enfadada, mañana podría verlos otra vez.
Al día siguiente la hija, su hermana y el padre de ambas cogieron el coche para marcharse a la capital a trabajar.
Justo cuando
salían sonó el teléfono que cogió la madre y no les dejó marcharse. "Era la hermana de
xxxx (su amiga, la señora del matrimonio),
dice que está preocupada porque no cogen el teléfono. Pasad por allí a ver si ha pasado algo y luego
me llamáis para que le
diga qué pasa".
Así, salieron de su casa y se dirigieron hacia la casa del matrimonio. El padre aparcó el coche, la hija A.
bajó de este y
vio la verja ENTREABIERTA. Dentro estaban los coches y parecía que todo iba bien. Al llegar a Valencia llamaron a la
madre
para decirle que daba la impresión de que estaban a punto de salir dado que la puerta ya estaba abierta, pero que no
habían
llamado.
especial
cariño por lo amables y atentos que eran. Los conocía desde no hacía mucho tiempo y estaba en esa fase
en la que quieres pasar
mucho tiempo con las nuevas amistades. Generalmente las horas se pasaban tan rápido que la mujer a veces se quedaba
a cenar
con ellos, previa llamada telefónica a su casa para avisar que le habían invitado y que la esperaran un rato
más tarde. Aquellos
días eran de auténtico relax, disfrute y mucha amistad.
Un día entre semana, en compañía de aquellos amigos, miró el reloj y dijo que se iba a marchar
un momento a recoger a su hija
al tren pero que luego volvería para pasar un rato más con ellos. Cogió su coche y se marchó a
la estación del tren.
Su hija, llamémosle A., había llegado apenas tres minutos antes y al ver que no había nadie para recogerla
se le ocurrió pedirle
a un amigo que vio en la estación que la acercara a casa. Los coches debieron cruzarse y la madre llegó a la
estación. ¿Por
qué se quedó esperando al próximo tren? no lo sabe ni la propia madre. Podía perfectamente haber
regresado a casa de sus amigos
o a su propia casa para verificar que su hija había perdido el tren, pero en vez de esto se quedó en la estación,
dentro de
su propio coche... esperando.
Y esperó tanto que cuando llegó el siguiente tren y vio que la hija no bajaba de éste, arrancó
el coche y se marchó, pero
MIRÓ EL RELOJ y decidió que por esta noche se iría directamente a casa. Mañana ya volvería
a disfrutar de sus amigos.
En casa se encontraron madre e hija. La madre le confesó a su hija que de no haber quedado con ella en el tren o, más
aún,
de no haber esperado al siguiente tren, seguramente aquella noche la pasaría cenando en casa de tan interesante matrimonio.
No lo dijo enfadada, mañana podría verlos otra vez.
Al día siguiente la hija, su hermana y el padre de ambas cogieron el coche para marcharse a la capital a trabajar.
Justo cuando
salían sonó el teléfono que cogió la madre y no les dejó marcharse. "Era la hermana de
xxxx (su amiga, la señora del matrimonio),
dice que está preocupada porque no cogen el teléfono. Pasad por allí a ver si ha pasado algo y luego
me llamáis para que le
diga qué pasa".
Así, salieron de su casa y se dirigieron hacia la casa del matrimonio. El padre aparcó el coche, la hija A.
bajó de este y
vio la verja ENTREABIERTA. Dentro estaban los coches y parecía que todo iba bien. Al llegar a Valencia llamaron a la
madre
para decirle que daba la impresión de que estaban a punto de salir dado que la puerta ya estaba abierta, pero que no
habían
llamado.
La chica de la curva
La leyenda es conocida tanto en España como en Europa o América, y siempre es una mujer. Hay variantes:
1.- Se sube al coche de un conductor y en la curva avisa que es un tramo muy peligroso. El conductor pone cuidado y luego
se da cuenta de que la autoestopista a la que ha recogido ya no está en el coche.
2.- La chica se sube al coche y le avisa que allí falleció ella cuando ya está en la curva, de modo que
el hombre se asusta
y sufre un accidente.
3.- Aparece para pedir ayuda porque ha habido un accidente y cuando el hombre baja se encuentra con que quien le ha avisado
es el espíritu de la conductora que ha sufrido el accidente porque en el coche aún está su bebé.
La historia que os voy a relatar le sucedió a un español. Es una mezcla del primer y segundo ejemplo, pero además
tuvo consecuencias....
Recogió a una autoestopista en una carretera de Guipuzcoa.
Llovía, y a dos metros de su coche el hombre vio aparecer a una joven de pelo larguísimo empapada por la
lluvia. Lógicamente
el hombre salió a socorrerla en mitad de la lluvia y se ofreció a ayudarla. La chica parecía estar en
estado de shock, tenía
la mirada perdida y cuando él le ofreció llevarla a algún sitio, ella se limitó a afirmar con
la cabeza.
Subieron al coche. En una carretera sin curvas un coche que venía de frente les deslumbró con sus luces
y el conductor
tuvo que dar un volantazo para evitar un accidente.
Frenó justo antes de caer en un barranco.
Respiró hondo y tras recuperarse del susto se giró hacia su derecha.
Iba a preguntarle a la chica si se encontraba bien.
Pero ella ya no estaba.
Había desaparecido.
En el lugar donde había estado sentada ella, estaba el bolso de la joven.
Al día siguiente el hombre acudió a una comisaría de policía para devolver el bolso. Allí
encontraron el pasaporte de
la joven. Tras pocas averiguaciones descubrieron que la joven que había recogido el conductor llevaba varios años
muerta.
Había fallecido en un accidente automovilístico, posiblemente en la misma zona donde la noche anterior el hombre
y el espíritu
de la chica se accidentaron.
El hombre no pudo soportar la idea.
Dos años después el hombre aún estaba ingresado (y puede que aún lo esté) en la clínica
mental Santa Águeda, de Mondragón
1.- Se sube al coche de un conductor y en la curva avisa que es un tramo muy peligroso. El conductor pone cuidado y luego
se da cuenta de que la autoestopista a la que ha recogido ya no está en el coche.
2.- La chica se sube al coche y le avisa que allí falleció ella cuando ya está en la curva, de modo que
el hombre se asusta
y sufre un accidente.
3.- Aparece para pedir ayuda porque ha habido un accidente y cuando el hombre baja se encuentra con que quien le ha avisado
es el espíritu de la conductora que ha sufrido el accidente porque en el coche aún está su bebé.
La historia que os voy a relatar le sucedió a un español. Es una mezcla del primer y segundo ejemplo, pero además
tuvo consecuencias....
Recogió a una autoestopista en una carretera de Guipuzcoa.
Llovía, y a dos metros de su coche el hombre vio aparecer a una joven de pelo larguísimo empapada por la
lluvia. Lógicamente
el hombre salió a socorrerla en mitad de la lluvia y se ofreció a ayudarla. La chica parecía estar en
estado de shock, tenía
la mirada perdida y cuando él le ofreció llevarla a algún sitio, ella se limitó a afirmar con
la cabeza.
Subieron al coche. En una carretera sin curvas un coche que venía de frente les deslumbró con sus luces
y el conductor
tuvo que dar un volantazo para evitar un accidente.
Frenó justo antes de caer en un barranco.
Respiró hondo y tras recuperarse del susto se giró hacia su derecha.
Iba a preguntarle a la chica si se encontraba bien.
Pero ella ya no estaba.
Había desaparecido.
En el lugar donde había estado sentada ella, estaba el bolso de la joven.
Al día siguiente el hombre acudió a una comisaría de policía para devolver el bolso. Allí
encontraron el pasaporte de
la joven. Tras pocas averiguaciones descubrieron que la joven que había recogido el conductor llevaba varios años
muerta.
Había fallecido en un accidente automovilístico, posiblemente en la misma zona donde la noche anterior el hombre
y el espíritu
de la chica se accidentaron.
El hombre no pudo soportar la idea.
Dos años después el hombre aún estaba ingresado (y puede que aún lo esté) en la clínica
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